Desprecio

Liki Fumei | Fotos, Opinión, Sociedad | 31 de Agosto, 2010

Llevo tiempo meditando sobre qué es lo que menos me gusta de la sociedad en la que vivo. Al fin, mientras soportaba el bochorno de una calurosa tarde de verano, creo haber encontrado una respuesta como colofón a este soliloquio.

Es el desprecio constante a la inteligencia y a la bondad que ejerce de manera constante una gran parte de sus integrantes, y que, como es lógico, se manifiesta de forma más rotunda (El Poder es lo que tiene…) desde las instituciones representativas de los mismos.

Por contraposición, somos testigos del exitoso desfile por la pasarela social y la calurosa acogida que tienen sus contrarios: la estulticia y la perversidad.

Abres el periódico hoy (da igual la fecha, cualquier diario), y te encuentras con lo coyuntural:
- China se entierra en el lodo post-sísmico (afectados: entre 12 y 15 millones de personas)
- La India y Pakistán se ahogan en las inundaciones del monzón (15-20 millones)
- Rusia arde de lado a lado (5-10 millones)

Porque lo fundamental está siempre más o menos igual: se llama hambre y miseria, y se apellida África entera, además de los citados países golpeados por los agentes físicos y un largo etcétera que se extiende por doquier.

Cada día recibo este tipo de inputs, y cada día me pregunto: ¿seré capaz de actuar intelectualmente como el sujeto privilegiado que soy en este mundo tan tremendamente adverso para la mayoría? De antemano, me reconozco lo suficientemente egoísta como para no acudir a la ayuda in situ de ninguno de estos semejantes tan depauperados: en 42 años no he querido renunciar a la comodidad material que me supone vivir donde vivo y con el estatus que siempre he tenido. Entonces, ¿qué me queda? Pues pienso que mucho, porque grados muy diversos de desolación y miseria (incluída la miseria emocional, tan temible) me rodean a cada paso, sin necesidad de extender la vista o siquiera leer la prensa.

Es, por tanto, ahí, donde -reconocidas mis otras limitaciones- podría hacer algo: desarrollar la empatía y la simpatía, fortalecer la paciencia y hacer hincapié en la generosidad, compartir la experiencia y el conocimiento adquiridos…

Lamentablemente, nuestra manera de comunicarnos está muy poco evolucionada, y ni siquiera somos capaces de leer lo no verbal (más puro y directo), mientras que lo hablado llega contaminado por todo tipo de estereotipos parásitos del lenguaje y -lo que es peor- de la mente.

Quizás sólo, leer, meditar… actividades solitarias, pero escasamente solidarias, además de -como dije más arriba- despreciables, al menos por buena parte.

Perlas de la Web

Liki Fumei | Arte, Opinión, Sociedad, Varietés | 20 de Junio, 2010

Cuando era pequeño aún se veía poca televisión. Una de las series de aventuras que más impacto me causó entonces (no así la original novela de Salgari, que me parecía un tostón) fue aquella de Sandokan. Entre piratas dayakos, ceremonias rituales hinduistas, luchas coloniales con los de siempre y algún portugués infiltrado entre las amistades más íntimas, el tigre de Malasia se desenvolvía con un arrojo y un carisma tales que se podría decir que el actor que lo encarnaba, Kabir Bedi (¡qué ojos!), era el propio Sandokan redivivo. Y tanto él como sus colegas de correrías y desvelos, aquellos cachorros de Mompracem que encabezaba el apuesto y desenfadado Yáñez de Gomera, se rendían ante la belleza pura y diáfana de aquella damisela llamada La Perla de Labuan (una suerte de Lady Marian robinhoodesca, trasladada convenientemente a la región).

Hecha esta pequeña introducción, sólo con el fin de esclarecer el mecanismo mental que me llevó a elegir este título para el post de hoy (¡qué caprichosa es la mente, velay!), a continuación os ofrezco dos auténticas ‘perlas’, cada una en su estilo pero ambas de un interés esencial, que me he encontrado recientemente por la llamada Web 2.0.

No haré ningún comentario a priori sobre ellas: ya bastante digo al calificarlas de raras joyas. Que cada cual extraiga sus conclusiones y, si lo tiene a bien, las comparta aquí y fomente el intercambio.

Espero que disfrutéis.



La Impostura

ManFerro | Fotos, Opinión, Sociedad | 29 de Abril, 2010

En este país, y en momentos diferentes, dos personas inician el Siglo XX. Lo acaban como personajes internacionales. Son sociales, suficientemente serviles con los que se precisa, y desean El Poder. Se llaman Javier Solana y Juan Antonio Samaranch.

Tienen perfiles bastante similares: clase media-alta, uno universitario, el otro empresario. Son blandos, dialogantes, polifacéticos y les gusta tocar, aunque no que les toquen. Ambos conocen la lengua universal (en aquel momento y aún ahora), mayoritariamente ignorada.

J. A. S. vistió la casaca militar blanca, con camisa azulete y corbata negra, aquella que llevaban los diputados que procedían de Falange. Le gustaba el deporte, practicado y visto. Aquí, encuentra la escala de proyección hacia Arriba, su Ser y Estar, llegando a delegado de deportes.

A la muerte del dictador, hace una voltereta y aparece como embajador en Moscú. Allí entra en intenso contacto con funcionarios y profesionales de la política y del deporte: a su historial conservador ancestral, se añade la inmersión en el residual de ideales revolucionarios y, por otra parte, en el alto standing del deporte del momento.

Traza un camino -su ‘hoja de ruta’- y, por la force des choses, llega a presidente del COI. Y allí, en aquel centro de Lausanne, en aquella pequeña cosa que era el COI y en este mandato, surgen las tecnologías de la información y comunicación, y lo pequeño se transforma en una gran corporación globalizada que vende todo tipo de acontecimientos.

Al tiempo, el ya personaje, es presidente ejecutivo de La Caixa. Está en Suiza: resulta razonable. Además, El Poder no precisa fichar ni espacio de actuación permanente: trabaja con el mando sobre el tiempo.

Porque, a todo ésto, como he dicho, ya está en El Poder Universal: puede tocar sin ser tocado.  Puede reducir a sí, miles de ejecutivos, servidores, creativos, hechos sociales, culturales, etc., que hoy en su muerte -y antes- son -eran- todo Él.

De esta forma se cumple una de las leyes de El Poder: el gran reduccionismo que todo lo subsume a Él.

Quizás ahora, con su labio inferior blando/social estará a la derecha de Él (ó Ella).

 

N. del E.: este post fue un ‘encargo’ que le hice a ManFerro ante la asquerosa derrama unidireccional de baba casposa que se pudo encontrar cualquiera en cualquier medio, a la muerte de un personaje tan dudoso como J. A. S. Curiosa y/o casualmente, Maruja Torres enseña hoy mismo esa patita (poquito, no se vaya a meter con EL PEDESTAL) en El Péich

by huesu™ 2010

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente | 11 de Abril, 2010

Han pasado dos años.

Sin tí, pero contigo siempre presente. En las pequeñas cosas de la vida, en lo cotidiano: un café, una reunión de amigos, un paseo por el centro…

Me resulta inquietante lo ajeno que parece el humán a la eventualidad de su propio dies irae: aquél en el que no tenga dónde ponerse a salvo, en el que su existencia se reduzca de inmediato a cenizas. Como si hubiese alguna seguridad de lo contrario: una huida hacia adelante.

Tu gesto último fué tan desesperanzado, estéril y atrabiliario, que nadie lo hubiera dicho tuyo. Y sin embargo lo fué: lo somos todo, lo contenemos todo… sólo hace falta el percutor sobre el detonante. Y tú estabas cargada de pólvora: caminabas sobre una realidad alfombrada de púas que te hacía un daño insoportable.

Trato de honrar con estas líneas tu recuerdo porque pienso que te gustaría que lo hiciera, aunque sé que hay a quien le molesta: no es mi problema, y menos aún el tuyo.

Tu música, y un beso.

Virtuosismo

Liki Fumei | Varietés | 17 de Marzo, 2010

Sin palabras: sólo dadle al play y disfrutad…

Fragilidad

Liki Fumei | Medicina, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 27 de Febrero, 2010

Vivimos momentos de crisis mundial, según dicen los expertos (los mismos que ni siquiera la olieron meses antes de que estallara…).

La crisis se deriva de la explosión, de la volatilización de una burbuja financiera que -para algunos- tiene su origen en el modelo económico y productivo llamado capitalismo. Pero, si se escarba (no es necesario mucho ahínco), bajo las toneladas de tinta con las que -desde unos puntos de vista y otros bien diferentes- se ha tratado de diseccionar la situación, siempre aparece la misma palabra u otras que aluden al concepto: se ha perdido la CONFIANZA.

Y, por lo que se ve, la confianza (o su falta) está detrás de la estabilidad de los mercados, del famoso hipo del indonesio que se percibe en cuestión de instantes en Wall Street, de la concertación social, del índice de precios al consumo, de los éxitos (si los hubiera) de la diplomacia internacional en la negociación de conflictos… la sostenibilidad de todo un sistema (el humano), en definitiva, parece cimentarse en un concepto tan etéreo como frágil. Curiosamente, en el idioma inglés hay una palabra polisémica muy ilustrativa de por dónde van los tiros: trust

La fragilidad es el hilo conductor de nuestra existencia, y hacia ella se dirigen los arpones de todo sistema -cualquiera que sea- cuya ambición sea el control de los elementos (individuos) para provecho propio (no harían falta ejemplos, pero sólo recordaré que las creencias, también cualesquiera que sean -religiosas, políticas, sanitarias, deportivas- son el eje, el libreto de esta ópera de enormes dimensiones).

Pero nada ni nadie puede esconderse de dicha fragilidad. Una aciaga noche de hace escasamente tres semanas, la vida de una chica de 22 años se escapaba entre las manos de las personas que constituíamos el equipo de guardia en la UCI y el quirófano de mi hospital. Alejandra se había sentido mal la tarde antes: un cólico al salir de la ducha cuando se preparaba para ir a cenar con su novio, como tantos sábados, la había dejado pálida y sudorosa. Una malformación vascular (probablemente congénita) acababa de estallar, como una bomba de relojería, en el interior de su abdomen. A pesar de la práctica inmediatez con la que se le dispensaron todos los cuidados encaminados a mantenerla con vida, su corazón dejó de latir, exangüe, pocas horas más tarde.

Su padre había estado bromeando con ella un día antes, ya que acababa de obtener su primer trabajo: ‘Estás contenta porque empiezas, pero tienes camino por delante… ¡te va a tocar hasta los 67, o más!’, le dijo, aludiendo a la reciente propuesta gubernamental para retrasar la edad de jubilación de los trabajadores. Su desconsuelo era infinito cuando me contaba -entre sollozos y alguna maldición- esta anécdota.

Aunque pretendamos refugiarnos en la tecnología, las pólizas de seguros o la religión, sería más lúcido (y también más digno) aceptar que la incertidumbre, la duda (es decir, lo contrario al dogma), constituyen nuestra esencia más íntima, y, por tanto, la moneda de cambio más universal para nuestras (trans)acciones.

A mi amigo (y compañero de trabajo esa noche) Tomás, que en alguna ocasión ha contribuído con su preciso verbo en verso a embellecer este patio (Bardo, se hace llamar aquí), la dantesca escena le trajo a la memoria otra vivida bastantes años atrás con una amiga suya como triste protagonista. Para ella compuso, en aquel entonces, este tan bonito como horripilante poema que ha querido compartir hoy con todos nosotros:

Si fuera tocarte
y ordenarte:
levántate y anda;
pero no soy el impostor.
Reconozco a la muerte,
lleva rozándome
en un sin fin de descuidos.

Si pudiera al llorarte
empaparte
de la linfa
que te falla
y que esas campanas
(que ya esperan)
se quebraran.

Ay, niña, si pudiera yo volverte
con mirarte.

De aquella noche aciaga sólo me queda ésto: consciencia del otro, empatía, metacognición, y el agradecimiento y la complicidad para con Elisa, Lorena, Juan y Tomás por haber hecho posible la sensación de trabajar al unísono ante una situación tan horrible, tan adversa.

F1 (ayuda) Vintage

Liki Fumei | Coña, Varietés | 1 de Febrero, 2010

Éstos días El Pecador ha sufrido un catarro… uno de tantos motivados por los hackers y el spam, todos esos agentes nocivos que pululan por la web.

Y, como siempre, ha sido preciso recurrir al solucionador de este tipo de problemas, mi paciente (hasta cierto punto) amigo Agus, que, con calma y apenas unas amputaciones sin importancia, ya le ha devuelto su aspecto habitual: ¡bravo, Agus!

Para celebrarlo, y reírnos un poco de paso, os traigo hoy una versión medieval de este tipo de problemas. ¡Que la disfrutéis!

Ya me han contado hasta ocho – Charles Bukowski

Liki Fumei | Fotos, Opinión, Poesía | 14 de Enero, 2010

Desde mi cama
Observo
3 pájaros
en un cable
de teléfono.

Uno se va
Volando
Luego
Otro.

Queda uno,
Luego
También él
Se va.

Mi máquina de escribir está
Silenciosa como un sepulcro.

Y yo me he quedado
Reducido a observar
Pájaros.

Simplemente he pensado
Que te lo debía
Contar
Cabrón.

Se va 2009…

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 31 de Diciembre, 2009

Me gusta concluir el año enviando algunas palabras, alguna reflexión, desde esta pequeña atalaya que supone El Pecador, esperando encontrar ecos cercanos o lejanos, o simplemente sentir que quedan flotando en eso que llamamos nuestro patio.

Cada año que pasa supone un eslabón más en la cadena que nos lleva del nacimiento a la muerte, cuyo punto medio no conocemos si no es por estimaciones estadísticas. Y da la impresión de que uno se hace más sensible -que no necesariamente vulnerable- a la idea de la muerte, la enfermedad y lo que conllevan, a medida que se va viendo más próximo -aunque sea sólo numéricamente- a ellas. El tiempo no se detiene, aunque los relojes se paren.

Este año se fué mi madrina, Manolita, y de ella me quedarán muchos recuerdos infantiles. Su casa estaba cerca de la nuestra, en un ambiente entonces rural (el cemento ha dejado pocas referencias) que era mi terreno de exploraciones cuando niño. La recuerdo siempre metida en la cocina, bien fuera haciendo comida para casa o para el restaurante y llagar que tenía y ahora regentan sus hijos: fabada, caldereta, chorizos a la sidra, tortillas, brazo de gitano, casadielles, picatostes…;  aquella cocina de carbón y leña que tanto tardó en cambiar siempre estaba rugiendo, y a mí me encantaba enredar por allí todo cuanto podía y fijarme en cómo se hacían las cosas de los pucheros, que ya entonces me empezaron a interesar. Los domingos solía obsequiarnos con un arroz con leche de los más ricos que recuerdo, y, en Pascua, con el bollu: un ‘tronco’ de chocolate y galletas que yo no tardaba en devorar.

Pocos meses antes se había marchado Manolo, que, aunque no era mi padrino, si hubiera podido elegir me hubiera gustado que lo fuera. Una combinación extraña -por lo infrecuente- de tolerancia y hedonismo, revestidos de una elegancia fuera de lo común. Creo que nos caíamos bien, yo le quería, y su viuda, Marisa, me obsequió con algunos libros a su muerte, y con unos poemas de procedencia medieval y persa: unos maravillosos rubaiyat de Omar Jayyam, matemático y poeta de los siglos XI-XII, que dejó huella en su paso por aquella Samarkanda intelectual, políglota y exhuberante de gentes (cerca de medio millón de personas) y conocimiento, previa al azote de Gengis Kan. En sus versos hay una mezcla de lucidez, materialismo, escepticismo, bañados en delicadeza, que hacen increíble su contemporaneidad con el tenebroso encastillamiento feudal que se daba en occidente. Un bello recuerdo que conservaré.

Bebe. Es largo el tiempo
que habrás de dormir bajo la tierra
sin mujer, sin amigos.
El instante que pierdes
lo pierdes para siempre.

Así que, estoicamente, epicúreamente, cínicamente, cirenaicamente (en algunos casos) o escépticamente, habrá que procurar abrazarse al hedonismo en su variante más dulce para mí, que es la que aúna sensualidad y desapasionamiento, salpicada -eso sí- con unas briznas de racionalismo.

Por fortuna -o genética, que tanto da- varias de esas propuestas me son -prácticamente- innatas. Y gracias a mi querida Pi Xing se hacen más fáciles y divertidas.


Sweet wonderful you,
you make me happy with the things you do…
Oh, can it be so:
this feeling follows me wherever I go.

Desde aquí os deseo salud y la posibilidad de alcanzar el equilibrio ansiado. Besos y abrazos.

Los Difuntos y La Muerte

Liki Fumei | Medicina, Opinión, Sociedad | 2 de Noviembre, 2009

Una mujer de 75 años siente, en mitad de la noche, un fuerte dolor en la boca del estómago. Tiene ganas de vomitar y se levanta al cuarto de baño, pero se marea ligeramente, se tambalea y tiene que sentarse en el quicio de la cama, despertando a su marido al hacerlo.

El le pregunta qué le ocurre, aunque ya sabe que nada bueno, porque es de dormir bien, de un tirón, ya no se acuerda en qué momento fué la última vez que pasó una mala noche; cuando ella se dispone a contestarle, su cara se demuda y parece perder el conocimiento, pero en realidad su corazón ha dejado de latir. Él se da cuenta de inmediato, aunque siga hablándole, tratando de estimularla, mientras descuelga el teléfono de la mesilla de noche para avisar a los servicios sanitarios de urgencia.

Hoy, algo menos de 24 horas más tarde, Isabel fallece en la UCI en la que trabajo y en la que estoy de guardia este largo fin de semana de difuntos. Hablo con Fernando, su esposo, y trato de envolver el luto de la noticia en paños templados, pero el desconsuelo es evidente y se muestra de forma difícil de contener.

Desea verla, despedirse, darle un beso. Decide entrar acompañado por un hijo.

Al verla, la emoción se dispara en ambos, y de sus gargantas brotan palabras ininteligibles pero angustiosas, como grititos provenientes de un nido con crías. Fernando la abraza, la mira y la vuelve a mirar, como incrédulo a través de la cortina de lágrimas que inunda sus ojos. Acerca sus labios a la boca entreabierta de ella, y la besa una y otra vez, sin percibir el hálito de siempre. El hijo, de cuarentaytantos, se apoya en su padre y llora también: un escalofrío recorre su cuerpo al pasar sus dedos por la piel yerta de la madre. Entre sollozos y gemidos, se despiden de ella y se van de la UCI para que el resto de familiares puedan pasar.

Cuando el cadáver sale, envuelto en un sudario y camino de los mortuorios, Fernando me pide que detenga la camilla para un último adios. Más tranquilo, aunque muy débil, rodeado de todos sus hijos, él mismo destraba la cremallera dejando a la vista la cara afilada, ya cérea, de Isabel. Se inclina ante ella y le dice, mientras la colma de besos: “te quiero, siempre te querré, pobrina, eres tan buena… yo le daré de comer a tus gallinas“.

Qué envidia.

Siguiente Página »