CIK: ‘Crab Into Kick‘
Cuando uno se sube en un avión siempre tiene la sensación de que lo que va a ocurrir en el tiempo siguiente será excepcional: por medios físicos no muy bien (si es que algo, en absoluto) conocidos, se va a poner a volar.
¡A volar! El sueño de los primeros experimentadores (protocientíficos) puesto en práctica por uno mismo, sin apenas saber cómo tendrá lugar ni, por supuesto, tomar parte activa en ello. Se someterá, éso sí, a las admoniciones y regulaciones que le serán prescritas por los oficiantes visibles del fabuloso rito, los encargados de la liturgia más elemental.
Porque de los sumos sacerdotes no hay el menor atisbo: se esconden en refectorios inalcanzables para el gran público que, a lo sumo, podrá escuchar sus voces -casi siempre varoniles y hondas, aunque puede que ésto esté cambiando- en algún momento de la singladura, transmitiendo calma y seguridad en los procedimientos que, como siempre y de rutina, se están llevando a cabo durante el vuelo.
Cosas de la vida, he llegado a conocer y a hacerme amigo de uno de ellos: su nombre es Paolo y la de arriba su estampa un bello día de verano en la montaña asturiana. No es tan fiero como parece en la foto: por el contrario, un hombre dialogante, estudioso y simpático, gran conversador en nuestro idioma a pesar de que no es su lengua materna, si bien mediante el contacto íntimo y prolongado con mi querida prima Itzi se pueden llegar a hablar lenguas que se pudieran creer muertas…
Es el momento de preguntarle a Paolo y de compartir con el resto esta cuestión: ¿en qué lugar se colocan sus glándulas de secreción interna (y, cuando hay suerte, externa) que penden del rafe medio si, al aproximarse a un aeropuerto cualquiera (el de Düsseldorf, pongamos por caso) con la sana y habitual intención de aterrizar, sopla fuerte viento de través y hay que procurar realizar esa maniobra que tan graciosa como incomprensiblemente llaman ‘crab into kick‘…?




