Desprecio
Llevo tiempo meditando sobre qué es lo que menos me gusta de la sociedad en la que vivo. Al fin, mientras soportaba el bochorno de una calurosa tarde de verano, creo haber encontrado una respuesta como colofón a este soliloquio.
Es el desprecio constante a la inteligencia y a la bondad que ejerce de manera constante una gran parte de sus integrantes, y que, como es lógico, se manifiesta de forma más rotunda (El Poder es lo que tiene…) desde las instituciones representativas de los mismos.
Por contraposición, somos testigos del exitoso desfile por la pasarela social y la calurosa acogida que tienen sus contrarios: la estulticia y la perversidad.
Abres el periódico hoy (da igual la fecha, cualquier diario), y te encuentras con lo coyuntural:
- China se entierra en el lodo post-sísmico (afectados: entre 12 y 15 millones de personas)
- La India y Pakistán se ahogan en las inundaciones del monzón (15-20 millones)
- Rusia arde de lado a lado (5-10 millones)
Porque lo fundamental está siempre más o menos igual: se llama hambre y miseria, y se apellida África entera, además de los citados países golpeados por los agentes físicos y un largo etcétera que se extiende por doquier.
Cada día recibo este tipo de inputs, y cada día me pregunto: ¿seré capaz de actuar intelectualmente como el sujeto privilegiado que soy en este mundo tan tremendamente adverso para la mayoría? De antemano, me reconozco lo suficientemente egoísta como para no acudir a la ayuda in situ de ninguno de estos semejantes tan depauperados: en 42 años no he querido renunciar a la comodidad material que me supone vivir donde vivo y con el estatus que siempre he tenido. Entonces, ¿qué me queda? Pues pienso que mucho, porque grados muy diversos de desolación y miseria (incluída la miseria emocional, tan temible) me rodean a cada paso, sin necesidad de extender la vista o siquiera leer la prensa.
Es, por tanto, ahí, donde -reconocidas mis otras limitaciones- podría hacer algo: desarrollar la empatía y la simpatía, fortalecer la paciencia y hacer hincapié en la generosidad, compartir la experiencia y el conocimiento adquiridos…
Lamentablemente, nuestra manera de comunicarnos está muy poco evolucionada, y ni siquiera somos capaces de leer lo no verbal (más puro y directo), mientras que lo hablado llega contaminado por todo tipo de estereotipos parásitos del lenguaje y -lo que es peor- de la mente.
Quizás sólo, leer, meditar… actividades solitarias, pero escasamente solidarias, además de -como dije más arriba- despreciables, al menos por buena parte.








