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Se va 2009…

a 31 diciembre, 2009 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 2 comentarios

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Me gusta concluir el año enviando algunas palabras, alguna reflexión, desde esta pequeña atalaya que supone El Pecador, esperando encontrar ecos cercanos o lejanos, o simplemente sentir que quedan flotando en eso que llamamos nuestro patio.

Cada año que pasa supone un eslabón más en la cadena que nos lleva del nacimiento a la muerte, cuyo punto medio no conocemos si no es por estimaciones estadísticas. Y da la impresión de que uno se hace más sensible -que no necesariamente vulnerable- a la idea de la muerte, la enfermedad y lo que conllevan, a medida que se va viendo más próximo -aunque sea sólo numéricamente- a ellas. El tiempo no se detiene, aunque los relojes se paren.

Este año se fué mi madrina, Manolita, y de ella me quedarán muchos recuerdos infantiles. Su casa estaba cerca de la nuestra, en un ambiente entonces rural (el cemento ha dejado pocas referencias) que era mi terreno de exploraciones cuando niño. La recuerdo siempre metida en la cocina, bien fuera haciendo comida para casa o para el restaurante y llagar que tenía y ahora regentan sus hijos: fabada, caldereta, chorizos a la sidra, tortillas, brazo de gitano, casadielles, picatostes…;  aquella cocina de carbón y leña que tanto tardó en cambiar siempre estaba rugiendo, y a mí me encantaba enredar por allí todo cuanto podía y fijarme en cómo se hacían las cosas de los pucheros, que ya entonces me empezaron a interesar. Los domingos solía obsequiarnos con un arroz con leche de los más ricos que recuerdo, y, en Pascua, con el bollu: un ‘tronco’ de chocolate y galletas que yo no tardaba en devorar.

Pocos meses antes se había marchado Manolo, que, aunque no era mi padrino, si hubiera podido elegir me hubiera gustado que lo fuera. Una combinación extraña -por lo infrecuente- de tolerancia y hedonismo, revestidos de una elegancia fuera de lo común. Creo que nos caíamos bien, yo le quería, y su viuda, Marisa, me obsequió con algunos libros a su muerte, y con unos poemas de procedencia medieval y persa: unos maravillosos rubaiyat de Omar Jayyam, matemático y poeta de los siglos XI-XII, que dejó huella en su paso por aquella Samarkanda intelectual, políglota y exhuberante de gentes (cerca de medio millón de personas) y conocimiento, previa al azote de Gengis Kan. En sus versos hay una mezcla de lucidez, materialismo, escepticismo, bañados en delicadeza, que hacen increíble su contemporaneidad con el tenebroso encastillamiento feudal que se daba en occidente. Un bello recuerdo que conservaré.

Bebe. Es largo el tiempo
que habrás de dormir bajo la tierra
sin mujer, sin amigos.
El instante que pierdes
lo pierdes para siempre.

Así que, estoicamente, epicúreamente, cínicamente, cirenaicamente (en algunos casos) o escépticamente, habrá que procurar abrazarse al hedonismo en su variante más dulce para mí, que es la que aúna sensualidad y desapasionamiento, salpicada -eso sí- con unas briznas de racionalismo.

Por fortuna -o genética, que tanto da- varias de esas propuestas me son -prácticamente- innatas. Y gracias a mi querida Pi Xing se hacen más fáciles y divertidas.


Sweet wonderful you,
you make me happy with the things you do…
Oh, can it be so:
this feeling follows me wherever I go.

Desde aquí os deseo salud y la posibilidad de alcanzar el equilibrio ansiado. Besos y abrazos.

2 Comentarios

  1. ...mudo cipres

    31 diciembre 2009

    ¡Qué bonitas y acertadas palabras para despedir al viejito y recibir al infante!

    Me apasiona O. Jayyam y precisamente, en estos días, andaba releyendo sus versos, casualidades :-)

    Pasó el ayer, no guardes de él recuerdo.
    Por el mañana, que no ha llegado, no estés inquieto.
    No te apoyes en lo no sucedido ni en lo que fue:
    sé alegre, que no se lleve tu vida el viento.

    Omar Jayyam

    Un fuerte abrazo para los dos y otro para el patio.

  2. Liki Fumei

    31 diciembre 2009

    Es una gran sorpresa, y un agrado, encontrar al ciprés de mis otrora desvelos por aquí.

    Mira tú que ir a coincidir precisamente entre cuertetos y serventesios, redondillas o cuartetas… La verdad es que es admirable la poesía de este erudito polifacético.

    Otro fuerte abrazo para tí: nos estamos viendo.