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Rescoldo

a 26 octubre, 2010 en Fotos, Medicina, Sociedad | 4 comentarios

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Pienso en las últimas sensaciones de una vida o las que puedan serlo: llevarse a los labios una taza de café humeante, deslizar una toalla áspera sobre la espalda mojada, tantear con las puntas nerviosas de los dedos la pared en busca de un interruptor, asir con fuerza una herramienta, gesticular metiendo prisa a los alumnos para que terminen de entrar en clase, apoyado en el marco de la puerta. Y, después, la nada.

Sensaciones - Feelings

Desde una posición acuclillada en la que había estado atándose las botas de fútbol, un chico se yergue y comienza a caminar. Quizá al estirar las medias y darles vuelta hacia abajo cuando estaba agachado un escalofrío recorrió su espalda, mientras el sudor le resbalaba en gruesos goterones por la cara. En su cara no se advertía ningún gesto de dolor, pero no pudo apenas encadenar tres pasos antes de desplomarse inerte, dándose de bruces contra el césped. Su corazón -por lo que después se supo- había entrado en una especie de actividad huera, insuficiente para regar los órganos vitales. El más vital de todos, el cerebro, había dejado de regir el conjunto poco después de notar esas últimas sensaciones, en cada caso distintas.

Las asistencias proporcionaron ayuda mecánica al bombeo ausente con la simple maniobra de apretar fuerte el pecho: algo parecido a sacar agua de un pozo. En cuestión de segundos, se estableció un vínculo electrónico entre la piel de su pecho y un aparato decodificador de señales, con el objeto de obtener la información necesaria para saber qué tipo de anomalía estaba teniendo lugar en aquel corazón que parecía parado. Saltaron las alarmas: “¡fibrilación ventricular!” El médico o la máquina (ambos pueden hacerlo) decidieron qué energía -en forma de sacudida eléctrica- debía dispensar al órgano en paro para que recuperara su actividad. Así ocurrió, aunque fué necesaria una segunda descarga para lograr que se estabilizara aquel órgano que se estaba viendo dañado por un infarto. Del terreno de juego a la sala de hemodinámica para desobstruir la arteria que había dado el problema y, después, a la UCI para continuar el tratamiento y la estrecha observación.

Mientras tanto, aquellas últimas sensaciones se transformaron. ¿En qué? Quizá en las primeras de una nueva fase o de otra existencia, en sentido amplio.

A mí la situación, dantesca, me resultó poética. Imaginé un fuelle soplando sobre unas brasas: avivando un rescoldo.

Un rescoldo de vida.

4 Comentarios

  1. Fernando Mafé

    26 octubre 2010

    Es poético y nítido. Es eso, somos rescoldos de calor concentrado, por eso más tarde o más temprano, volvemos al mundo de la ceniza y la disipación. Así, el ciclo comienza de nuevo.

    Se agradece esta brisa suave, este chorro de vida invisible.

  2. jaliker

    26 octubre 2010

    Siempre tengo que obligar a Iker a apagar la luz por la noche, por que si no le digo nada seguiría leyendo hasta que le venciese el sueño. Es una especie de costumbre diaria, y el siempre me contesta .- ¡un segundo! que estoy terminando esta página. Pero yo le veo, por la puerta entreabierta, que pasa esa página y otra más. Le dejo, porque forma parte de este juego diario. A veces ese segundo se convierte en 15 minutos, y a veces me descuido, y ese segundo se convierte en 30 minutos.

    Me gustaría que el día que llegue el momento exacto de cascarla pueda decir .- ¡un segundo, que me falta una página! – y pueda dar un beso y un abrazo o un corte de mangas, según se tercie.

    Una especie de prórroga en una final sin posibilidad de empate. Puedes ganar o perder, pero lo importante es ese segundo de 30 minutos.

  3. Liki Fumei

    27 octubre 2010

    Muchas gracias por acercaros al patio a dar vuestras impresiones, Fer y jaliker: es agradable sentir el eco.

    Habéis captado EXACTAMENTE los dos aspectos que yo quería transmitir:

    a) Fer expresa con unas palabras más concisas y bellas que las mías (algo tiene esa tierra que os da el sentido de la narración directa y tensa, faulkneriana, a lo Vicent) lo poético de la situación descrita.

    b) jaliker define en su última frase (¡fantástica!) el sentido de lo relatado: y lo hace a través de una metáfora de arraigo en lo inmediato, en lo doméstico y más cotidiano. Me ha resultado conmovedora.

    Insisto: muchas gracias.

  4. Lagavulin

    27 octubre 2010

    Como en esos momentos se está tan cerca del límite me he preguntado alguna vez si serán aquí también aplicables las matemáticas, igual que en tantas otras cosas. Así los pitagóricos pensaban que los números estaban debajo de todo y desde luego todas las explicaciones científicas sobre el mundo se expresan mediante conceptos matemáticos. Por tanto quizá ese pequeñísimo rescoldo de vida, precisamente por tratarse de un límite, no se apague nunca, aunque visto desde fuera parezca que así es.