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Obituario: José Luis Sampredro

a 9 abril, 2013 en Opinión, Sociedad | 5 comentarios

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Ayer, a los 96 años, le ha llegado la muerte a José Luis Sampedro, escasamente un mes después que a su coetáneo y compañero de indignación Stéphane Hessel.

Tuve primera noticia de él en los ’80 cuando leí su preciosa y emocionante novela ‘La sonrisa etrusca’. Después me enteré de su interesante pasado y, ya provecto, admiré mucho su lucidez y su cercanía: me ha resultado un personaje entrañable.

Quiero dejar aquí este pequeño recuerdo a su figura, adornado con su voz enérgica aunque suave y su pensar ágil y fluído en esta entrevista concedida a la Cadena SER (Isaías Lafuente) hace menos de un año:

Conviene recordar sus precisas palabras durante el acto en el que se le hizo entrega de la Medalla de Honor de las Artes en 2011:

“El día que se nace uno se empieza un poco a morir. Estamos acostumbrados a ver la muerte como algo negativo, y yo estoy tan cerca que no puedo dejar de pensar en este asunto, pero pienso con alegría vital. Lo que no nos enseñan es que el día que se nace se empieza uno a morir, y la muerte nos acompaña cada día”.

5 Comentarios

  1. MARTINIBZ

    9 abril 2013

    Somos aprendices de nosotros mismos... fueron las palabras que más me han enganchado del personaje. ¡HASTA SIEMPRE, JOSÉ LUIS!

  2. bardo

    9 abril 2013

    Desde nacer a morir,
    eso que llaman vivir,
    es ir perdiendo la vida.

    El bardo : ¿Cómo si es tan sabido,
    el que se va hacia la mar,
    cada día me empecino
    en morir ( al despertar)?

  3. Mamen

    9 abril 2013

    Gracias, precioso… Yo también empecé con ‘La sonrisa etrusca’. Me conmovió… y así seguí.

    Un abrazo enorme.

  4. Tauro

    10 abril 2013

    Admirable ser humano.

    Su intransigencia y su clarividencia intelectual a los 95 años, en la entrevista radiofónica, no creo que tengan muchos parangones.

    Hay gente, como él, que no debiera morir.

  5. Voraz

    10 abril 2013

    Otro boceto de la muerte, con pesadumbres espeluznantes que invaden el árbol y, al menos a mí, ponen los pelos de punta. Sin prisa. Hay tantos bosques…

    Pues sé muy bien que has de morirte: espera.
    Que en algún bosque crece ya tu caja
    dentro de un roble, dulce en primavera
    como tu carne que ahora me agasaja.

    Crece tu caja y toda su madera
    –en otro sitio, ya su atroz cerraja–,
    invade el árbol, crece lisonjera.
    Florida entera y con amor, tu caja.

    Florida entera y con amor, la vida.
    Florida entera la pradera leve.
    Con flor la estancia, la pasión florida,

    florida la verdad y en flor la sebe.
    Florido el cielo que a su luz convida.
    Florido el árbol de tu vida breve.

    Carlos Bousoño, ‘Fuerza primaveral’