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Las niñas ya no quieren ser princesas

a 2 enero, 2014 en Coña, Música, Sociedad, Varietés | 13 comentarios

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Hace ya bastantes años lo decía Sabina en el que se convirtió después en himno oficioso (pero más asumido que ningún otro) de Madrid.

Pero nunca lo había oído de labios tan inesperados, y de una forma tan contundente:

– las princesas son meras boludas
– esperan al príncipe porque sabe que las va a rescatar, ¡ja!
– si no viene nadie no te quedes ahí, trabada: ¡hacé algo!
– no me gusta este cuento: ¡no me gusta!
– quiero estar con una señora inteligente, no con una boluda

Me ha encantado: qué gran manejo de los argumentos a su alcance. Se sale del indoctrinamiento, y ¡con qué energía!

Por otro lado, y por seguir con la canción, también me encantaría que “a los chicos les dejara de dar por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra”, claro está.

13 Comentarios

  1. vega

    2 enero 2014

    Liki… qué genial…

    Yo quiero ser esa niñaaaaaaaaaaaaa

  2. vega

    2 enero 2014

    Lo he vuelto a escuchar:

    qué desparpajo, qué brillantez…..

  3. jaliker

    2 enero 2014

    Esta niña es la esperanza de la humanidad.

    Que maravilla saber que no todo está perdido.

    Y que buen rato te hace pasar la jodía.

  4. El Centinela

    2 enero 2014

    … Sin “parábolas”…

  5. JOSE ANTONIO

    2 enero 2014

    Autèntica, y cuanta razón tiene la niña. genial…

  6. Marmen

    2 enero 2014

    ¡Me partí! Y, a Dios gracias, la niña tiene muchos nombres… ¡y más razón que una santa, jajaaaa!

  7. MARTINIBZ

    2 enero 2014

    Esto es el post feminismo… el resto tontería… espero que nuestras hijas no tarden mucho en razonar así…

  8. Rosjuna

    4 enero 2014

    Un crack de cría…

    Y feliz 2014 a todos :)

  9. Liki Fumei

    4 enero 2014

    Muchas gracias a todos, queridos

    vega
    jaliker
    el centinela
    jose antonio
    marmen
    martinibz
    rosjuna

    por estar ahí y dejaros ver por el patio.

    Aprovecho para advertir a algún que otro visitante quizá algo despistado y que maneja conceptos erróneos, que aquí:

    – no se pide el aplauso
    – no se impide la discrepancia
    – no se censura

    … ¡Y NO SE ADMITEN COMENTARIOS DE ‘USUARIOS’ CON EMAIL INEXISTENTE O FALSO!

    Supongo que quedará lo suficientemente claro.

  10. Gorrión

    5 enero 2014

    Los argumentos son razonables pero la niña da un poco de grima. Muy histriónica y poco infantil. Pienso que la infancia es un territorio que nunca debemos abandonar del todo y esta niña creo que por su lenguaje corporal ya esta imitando el mundo adulto. Será el discurso que ha oído a su madre un millón de veces. Yo creo que muchas niñas piensan lo mismo de los cuentos de princesas y por eso los creadores de películas animadas ya nunca diseñan princesas pasivas sino protagonistas activas y rebeldes. Pero no nos engañemos, el dinero sigue siendo el añorado príncipe que mujeres y hombres desean para ser rescatados. Mientras sigamos en el mundo del tener, ese príncipe seguirá cabalgando. Una pena.

  11. mariposa

    5 enero 2014

    Estoy de acuerdo con Gorrión. Esa criatura no es una niña: es un “monstruito”… probablemente creado por su madre; la otra cara de la moneda de las niñas Barbies, lanzadas al mundo virtual por madres (supongo que los padres también tendrán responsabilidad) con un cerebro virtual de gran convicción y poco repertorio. Somos producto de nuestro tiempo, educación y circunstancias, y, afortunadamente, en el mundo en que nos movemos los aquí presentes, los estereotipos de princesas rescatadas por príncipes azules en corceles alados ha pasado a la historia. No necesitamos niñasnoniñas, clones ni espejos distorsionados que hagan la luz.

  12. Liki Fumei

    7 enero 2014

    Gorrión, Mariposa: gracias por pasaros y bienvenid@s a este patio.

    Vuestras ideas discrepantes son bienvenidas, aunque escasamente compartidas. Quizá, en eso sí estoy de acuerdo, la ‘representación’ tiene un tono excesivamente histriónico y eso -probablemente- distrae de lo principal con lo que quería ilustrar este post.

    Esa niña que encontráis poco infantil (un “monstruito”), que imita el mundo adulto, podría ser yo. Quizás por eso mismo me gusta, claro está, pero no sólo por eso. Recuerdo esas críticas hacia mí mismo en mi infancia y adolescencia. Y recuerdo que la altivez con la que se me decían tenía su réplica en el desprecio con el que yo contestaba (la mayor parte de las veces, sin hablar) a esas personas.

    Pero el mensaje central es otro: el mensaje central es que aplaudo, apoyo, doy la bienvenida, y propago toda actitud que vaya en contra de la mentira… independientemente de si tiene lugar en la ‘etapa infantil’ o en cualquier otra… más, si cabe, en dicha etapa, dado que es en la que primero arraiga en nuestras conductas y después resulta imposible de erradicar. No comparto que sean necesarios eleméntos mágicos en nuestra vida, porque son mentirosos y nos ponen en la tesitura de trasladar dicha mentira a nuestra cotidianidad, como de hecho ocurre cada día, sin distinción posible entre unos y otra. El dinero es un móvil principal, no cabe duda, pero ni es el último ni es el único: el control personal, el ejercicio de poder sobre otras personas es tan importante o más… y mucho más dañino. Y la forma más sencilla de controlar a las personas sin emplear la fuerza física (a la que, si es preciso, se recurrirá) es subvirtiendo su escala de valores, creando constructos mentales que los rindan a merced de quienes ponen las reglas. Y para ello es necesario inventar, mentir…

    Los que leáis inglés quizá encontréis interesante el fantástico libro del gran divulgador neurocientífico Sam HarrisLying‘. Y podéis encontrar un adelanto de su línea de pensamiento al respecto del crucial hecho de mentir (en especial a las mentes más tiernas, e incluso de la forma llamada como ‘intrascendente’, ‘piadosa’ o ‘benigna’) en la vida y las relaciones humanas, en un reciente post de su blog titulado -muy ilustrativamente- ‘The high cost of tiny lies‘ (‘El gran coste de las pequeñas mentiras’), del que os adelanto -traducido- parte de su párrafo final:

    Vivimos en una cultura en la que se subestiman los efectos corrosivos de la mentira, y en la que la gente no es capaz de distinguir entre engaños verdaderamente inofensivos (como el que puede suponer una licencia poética) y lo que parecen ser pequeñas mentiras pero que debilitan la confianza. […] Una de las lecciones de ética más importantes de todas las que he aprendido es que si quieres mejorar y que los que te rodean también lo hagan sólo tienes que dejar de mentir.

  13. Marez

    10 enero 2014

    Yo tardé más de veinte años en darme cuenta que la monarquía es la vagancia con coronita… ¡por eso me pone muy contenta y con esperanzas de ella lo haya des-cubierto a esta edad! Creo que los niños son más avispados sólo que a medida que van creciendo… los adultos los transformamos en nosotros…

    ¡Buen año Liki!
    ¡Abrazo!