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by huesu™ 2011

a 12 abril, 2011 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 4 comentarios

Son ya tres años desde que decidiste marcharte. La vida es un océano de claroscuros, de incertidumbres que tratamos de soportar con escasa formación para ello. La búsqueda del equilibrio es una ficción con la que casi todos los sistemas filosóficos se entretienen desde diversos ángulos o puntos de vista, para acabar concluyendo nada. Lo único cierto es que avanzamos hacia el caos, la entropía y la muerte. Nadie ha definido tan bien este camino como Mencken circa 1919: Life is a struggle: not against sin, not against the Money Power, not against malicious animal magnetism, but against hydrogen ions. Aquellas personas más sensibles y menos coriáceas pueden no soportar esta lucha contra lo inevitable, abandonan el examen al que la vida nos somete cada día por un pasillo angosto o por la puerta de atrás y se niegan a entregar los documentos. Las sombras han podido con las luces, de una u otra manera, o así lo valoran habitualmente los que siguen en el aula, en un gesto no desprovisto de soberbia y arrogancia. Hay otras formas más resilientes de lucidez, como la que expone Margaret Atwood en su poema ‘La Puerta‘ de forma tan bella como resignada: La puerta se abre, miras lo que hay dentro. Está oscuro en el interior, probablemente hay arañas, no hay nada ahí que tu desees. Tienes miedo. La puerta se cierra. La luna llena brilla, repleta de delicioso zumo, compras un bolso, el baile es agradable. La puerta se abre y se cierra, tan rápido, que no te das cuenta. El sol sale, tomas un desayuno frugal con tu marido, aún delgado, lavas los platos, quieres a tus hijos, lees un libro, vas al cine. Llueve de forma moderada. La puerta se abre, miras adentro: ¿por qué sigue pasando esto ahora? ¿Es que hay un secreto? La puerta se cierra. Cae la nieve, barres el sendero, resollando, ya no es tan fácil como antes. Tus hijos llaman por teléfono, a veces. Hay que arreglar el tejado. Te mantiene ocupada. Llega la primavera. La puerta se abre: está oscuro ahí dentro, hay muchos peldaños hasta abajo. Pero, ¿qué es lo que brilla? ¿Es agua? La puerta se cierra. El perro ha muerto. Ya sucedió antes, y compraste otro, pero esta vez, no. ¿Dónde está tu esposo? Has abandonado el jardín. El trabajo era demasiado duro. Por la noche te tapas con mantas; sin embargo, padeces insomnio. La puerta se abre: Oh, dios de los goznes, dios de los largos viajes, has cumplido tu palabra. Ahí dentro está oscuro. Te confías a las tinieblas. Entras dentro. La puerta se cierra. Cuando no resista la atracción de lo oscuro y mi puerta esté vecina a cerrarse, evocaré una vez más el momento en el que abandonaste la lucha y te comprenderé -seguramente- mejor que nunca. Aquí te dejo una canción que me habría gustado que siempre tuvieras presente. Y muchos...

Fragilidad

a 27 febrero, 2010 en Medicina, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 8 comentarios

Vivimos momentos de crisis mundial, según dicen los expertos (los mismos que ni siquiera la olieron meses antes de que estallara…). La crisis se deriva de la explosión, de la volatilización de una burbuja financiera que -para algunos- tiene su origen en el modelo económico y productivo llamado capitalismo. Pero, si se escarba (no es necesario mucho ahínco), bajo las toneladas de tinta con las que -desde unos puntos de vista y otros bien diferentes- se ha tratado de diseccionar la situación, siempre aparece la misma palabra u otras que aluden al concepto: se ha perdido la CONFIANZA. Y, por lo que se ve, la confianza (o su falta) está detrás de la estabilidad de los mercados, del famoso hipo del indonesio que se percibe en cuestión de instantes en Wall Street, de la concertación social, del índice de precios al consumo, de los éxitos (si los hubiera) de la diplomacia internacional en la negociación de conflictos… la sostenibilidad de todo un sistema (el humano), en definitiva, parece cimentarse en un concepto tan etéreo como frágil. Curiosamente, en el idioma inglés hay una palabra polisémica muy ilustrativa de por dónde van los tiros: trust.  La fragilidad es el hilo conductor de nuestra existencia, y hacia ella se dirigen los arpones de todo sistema -cualquiera que sea- cuya ambición sea el control de los elementos (individuos) para provecho propio (no harían falta ejemplos, pero sólo recordaré que las creencias, también cualesquiera que sean -religiosas, políticas, sanitarias, deportivas- son el eje, el libreto de esta ópera de enormes dimensiones). Pero nada ni nadie puede esconderse de dicha fragilidad. Una aciaga noche de hace escasamente tres semanas, la vida de una chica de 22 años se escapaba entre las manos de las personas que constituíamos el equipo de guardia en la UCI y el quirófano de mi hospital. Alejandra se había sentido mal la tarde antes: un cólico al salir de la ducha cuando se preparaba para ir a cenar con su novio, como tantos sábados, la había dejado pálida y sudorosa. Una malformación vascular (probablemente congénita) acababa de estallar, como una bomba de relojería, en el interior de su abdomen. A pesar de la práctica inmediatez con la que se le dispensaron todos los cuidados encaminados a mantenerla con vida, su corazón dejó de latir, exangüe, pocas horas más tarde. Su padre había estado bromeando con ella un día antes, ya que acababa de obtener su primer trabajo: ‘Estás contenta porque empiezas, pero tienes camino por delante… ¡te va a tocar hasta los 67, o más!’, le dijo, aludiendo a la reciente propuesta gubernamental para retrasar la edad de jubilación de los trabajadores. Su desconsuelo era infinito cuando me contaba -entre sollozos y alguna maldición- esta anécdota. Aunque pretendamos refugiarnos en la tecnología, las pólizas de seguros o la religión, sería más lúcido (y también más digno) aceptar que la incertidumbre, la duda (es decir, lo contrario al dogma), constituyen nuestra esencia más íntima, y, por tanto, la moneda de cambio más universal para nuestras (trans)acciones. A mi amigo (y compañero de trabajo esa noche) Tomás, que en alguna ocasión ha contribuído con su preciso verbo en verso a embellecer este patio (Bardo, se hace llamar aquí), la dantesca escena le trajo a la memoria otra vivida bastantes años atrás con una amiga suya como triste protagonista. Para ella compuso, en aquel entonces, este tan bonito como horripilante poema que ha querido compartir hoy con todos nosotros: Si fuera tocarte y ordenarte: levántate y anda; pero no soy el impostor. Reconozco a la muerte, lleva rozándome en un sin fin de descuidos. Si pudiera al llorarte empaparte de la linfa que te falla y que esas campanas (que ya esperan) se quebraran. Ay, niña, si pudiera yo volverte con mirarte. De aquella noche aciaga sólo me queda ésto: consciencia del otro, empatía, metacognición, y el agradecimiento y la complicidad para con Elisa, Lorena, Juan y Tomás por haber hecho posible la sensación de trabajar al unísono ante una situación tan horrible, tan...

Ya me han contado hasta ocho – Charles Bukowski

a 14 enero, 2010 en Fotos, Opinión, Poesía | 1 Comentarios

Desde mi cama Observo 3 pájaros en un cable de teléfono. Uno se va Volando Luego Otro. Queda uno, Luego También él Se va. Mi máquina de escribir está Silenciosa como un sepulcro. Y yo me he quedado Reducido a observar Pájaros. Simplemente he pensado Que te lo debía Contar...

Se va 2009…

a 31 diciembre, 2009 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 2 comentarios

Me gusta concluir el año enviando algunas palabras, alguna reflexión, desde esta pequeña atalaya que supone El Pecador, esperando encontrar ecos cercanos o lejanos, o simplemente sentir que quedan flotando en eso que llamamos nuestro patio. Cada año que pasa supone un eslabón más en la cadena que nos lleva del nacimiento a la muerte, cuyo punto medio no conocemos si no es por estimaciones estadísticas. Y da la impresión de que uno se hace más sensible -que no necesariamente vulnerable- a la idea de la muerte, la enfermedad y lo que conllevan, a medida que se va viendo más próximo -aunque sea sólo numéricamente- a ellas. El tiempo no se detiene, aunque los relojes se paren. Este año se fué mi madrina, Manolita, y de ella me quedarán muchos recuerdos infantiles. Su casa estaba cerca de la nuestra, en un ambiente entonces rural (el cemento ha dejado pocas referencias) que era mi terreno de exploraciones cuando niño. La recuerdo siempre metida en la cocina, bien fuera haciendo comida para casa o para el restaurante y llagar que tenía y ahora regentan sus hijos: fabada, caldereta, chorizos a la sidra, tortillas, brazo de gitano, casadielles, picatostes…;  aquella cocina de carbón y leña que tanto tardó en cambiar siempre estaba rugiendo, y a mí me encantaba enredar por allí todo cuanto podía y fijarme en cómo se hacían las cosas de los pucheros, que ya entonces me empezaron a interesar. Los domingos solía obsequiarnos con un arroz con leche de los más ricos que recuerdo, y, en Pascua, con el bollu: un ‘tronco’ de chocolate y galletas que yo no tardaba en devorar. Pocos meses antes se había marchado Manolo, que, aunque no era mi padrino, si hubiera podido elegir me hubiera gustado que lo fuera. Una combinación extraña -por lo infrecuente- de tolerancia y hedonismo, revestidos de una elegancia fuera de lo común. Creo que nos caíamos bien, yo le quería, y su viuda, Marisa, me obsequió con algunos libros a su muerte, y con unos poemas de procedencia medieval y persa: unos maravillosos rubaiyat de Omar Jayyam, matemático y poeta de los siglos XI-XII, que dejó huella en su paso por aquella Samarkanda intelectual, políglota y exhuberante de gentes (cerca de medio millón de personas) y conocimiento, previa al azote de Gengis Kan. En sus versos hay una mezcla de lucidez, materialismo, escepticismo, bañados en delicadeza, que hacen increíble su contemporaneidad con el tenebroso encastillamiento feudal que se daba en occidente. Un bello recuerdo que conservaré. Bebe. Es largo el tiempo que habrás de dormir bajo la tierra sin mujer, sin amigos. El instante que pierdes lo pierdes para siempre. Así que, estoicamente, epicúreamente, cínicamente, cirenaicamente (en algunos casos) o escépticamente, habrá que procurar abrazarse al hedonismo en su variante más dulce para mí, que es la que aúna sensualidad y desapasionamiento, salpicada -eso sí- con unas briznas de racionalismo. Por fortuna -o genética, que tanto da- varias de esas propuestas me son -prácticamente- innatas. Y gracias a mi querida Pi Xing se hacen más fáciles y divertidas. Sweet wonderful you, you make me happy with the things you do… Oh, can it be so: this feeling follows me wherever I go. Desde aquí os deseo salud y la posibilidad de alcanzar el equilibrio ansiado. Besos y...

Mario Benedetti (1920-2009): transversal y agridulce

a 19 mayo, 2009 en Arte, Fotos, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 4 comentarios

En una ocasión, aquí, un espejismo que se proclamó mudo ciprés, tomando prestada la figura de aquel de Silos de Gerardo Diego, me recriminó mi preferencia por Neruda y Benedetti. En realidad, si hubiera una sola, ésta tendría que ser la del último: la del gran escritor uruguayo Mario Benedetti. ¿Cómo se puede tener la sensación de conocer, incluso de ser amigo de alguien al que no has visto nunca y que ya nunca verás? Pues así es: puedo decir que me lo presentó una íntima amiga mía hace no muchos años, en los ’90, y, al mostrármelo, al introducirme en su mundo de sensibilidad, compromiso y empatía, me dió a entender que si profundizaba en su obra, en su conocimiento, quizás pudiera comprender mejor nuestro entramado sentimental, y aprender a formular el pensamiento -a veces tan retorcido y complejo, a fuerza de un baldío exceso de reflexión- de una manera lo más clara y directa posible. Y así, poco a poco, se fué haciendo uno de los míos, un referente, un lugar al que volver en los momentos más tristes tanto como en los más alegres. Alguien reconfortante. En algún sitio leí que Serrat -que puso música a muchos de sus poemas, y colaboró estrechamente con él, hasta hacerse amigos- dijo que era un poeta transversal. Aunque me parece una gran definición, ya que da idea del alcance de su obra, de su capacidad de penetración en muy distintos grupos humanos (etarios, culturales, temáticos, sociales, políticos…), me gustaría ponerle un apellido que para mí la redondea: agridulce. Es capaz de golpearte con la realidad más mísera, mientras te acaricia con su mano de seda; ahonda en la abyección de la condición humana, sin dejar de arroparte con su verbo y su actitud amable; retrata a la perfección las situaciones más crueles, pero lo hace sin regodearse en el casi necesario pesimismo o desespero. Tiene, por ello, el encanto añadido que se atribuye a las combinaciones sweet & sour: aligera la amargura sin el cinismo, la hipocresía o la ignorancia de otros. Su mujer, Luz, su compañera durante más de 60 años, aquella con la que había hecho un trato por el cual podía contar con él (no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo), murió en 2006, devastada por una demencia. Éso parece haber supuesto para él el último revés: a pesar de refugiarse en la escritura, se fué dejando, abandonandosé, dicen allá. Regresó a Montevideo para no volver más a Madrid y aún produjo un suculento breviario en prosa titulado no en vano ‘Vivir adrede‘ (Alfaguara, 2008). En él encontré una perla, un maravilloso epílogo a esta mínima biografía: EL MUNDO PASA Desde mi sólida banqueta, o sea desde mi trono de pelagatos, veo desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las fragatas que en el puerto se mecen impasibles, los murciélagos que inmóviles vigilan, las golodrinas que regresan cargadas de experiencia. También manos que ahora son casi garras, bocas seductoras que reclaman besos, pieles que se convierten en pellejos, ojos que aman cuando miran, colinas de allá lejos que se acercan, arroyos que se vuelven ríos, ríos que se vuelven mares. Desde mi sólida banqueta, desde mi trono de pelagatos, veo cielos que se aclaran y oscurecen viejitas que no hace mucho eran muchachas, desalientos que fueron esperanzas. Pero también futuros que se abren y nos llaman, con promesas que quién sabe y no obstante admitimos. El mundo pasa sin interrupciones, con paisajes que llenan el contorno, alarmas con abismos, glorias inaccesibles, perdones que no pedimos y alborotos en la conciencia cerrrada con candado. Hasta que una noche inesperada, los párpados sucumben y ya no se levantan. Mario Benedetti Se me ocurre terminar este recuerdo de hoy, ya que el de siempre ahí seguirá, con una cita dura e irónica, muy de su estilo: La muerte es horrible pero… ¿con qué podríamos sustituirla? Elias...

by huesu™ 2009

a 11 abril, 2009 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 5 comentarios

Se ha ido un año. Has estado conmigo cada uno de sus días. He meditado mucho sobre la vida y la muerte, recordando tu vitalidad y tu súbito deseo de descansar. Te he comprendido y te he maldecido. Hemos hablado entre nosotros, tus nuevos amigos. También con algunos de los de toda la vida. A todos asombra, a todos apena hondamente.  Te sabíamos fuerte, una leona, como decía tu madre, pero no pensamos que las fuerzas te podían abandonar: éso tan humano. Todos tenemos una gran rabia por no haberte servido de apoyo en la que entonces llamé tu encrucijada. Me has enseñado mucho. Lo sigues haciendo cada día. La Raitana Mora me hizo llegar hace poco un bello poema de Wen Yi-to que le recordó, por alguna razón, a tí; desde luego, puedo asegurar que estabas cansada, mucho más, harta, ‘de la voz humana que maldice‘: Acaso estés de veras cansada de llorar. Acaso necesites dormir. Que callen las lechuzas, que no croen las ranas, ni vuelen los murciélagos. Que no te hiera el sol los párpados. Que la brisa no te roce las cejas, que nadie te despierte, que proteja tu sueño la sombra de los pinos. Acaso oigas orugas torciéndose en el cieno. Y las raices de las yerbecillas absorbiendo el agua. Y acaso te parezca esta música más bella que la voz humana que maldice. Cierra, entonces, los ojos. Te dejaré dormir, te dejaré dormir. Te cubro poco a poco de tierra, y quemo poco a poco lingotes de papel. Él, profesor y erudito poeta que abanderó la nueva poesía china, fue asesinado (represaliado, dijeron los purgadores) por defender la democracia. Es el tipo de cosas que te enervan. Descansa: duerme tranquila y no tengas prisa, ni sufras congoja por no saber… ya que te lo iré contando todo, día a día, año a año. Todos tus amigos lo haremos. Todos te queremos. Y yo también. Tu...