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Volver a Empezar

a 29 octubre, 2008 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Varietés | 16 comentarios

Ya véis, sigo vivo, aunque algo despistado… me ha vuelto a pasar hace poco lo de las jodías llaves. Después de tanto tiempo, casi cuatro meses, sin inspiración, volver a empezar aquí se hace difícil, pero lo voy a intentar. Una vueltecita por Turquía me hizo bien, y tambié me cambió un poco el look, jeje… Espero que alguien de los habituales siga por ahí aún… 😉 Besos, anyway al patio, o a lo que quede de...

Obstáculos

a 24 mayo, 2008 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Opinión, Poesía, Sociedad | 8 comentarios

Trato de salir de aquella sensación que comenté hace hace unas semanas: la de no tener nada que decir. Mi querida amiga Rosita, la del corrido mejicano, me hace llegar un poema de Neruda, El Pozo, cuyas primeras líneas cito a continuación, por oportunas para lo que después quiero tratar: A veces te hundes, caes en tu agujero de silencio, en tu abismo de cólera orgullosa, y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia. De largo, las estaciones equinocciales han sido objeto de diversos mitos, relacionados de una u otra forma con alteraciones en el humor de las personas, en su afectividad. Seguimos enredados en tales mitos (aquellos u otros) y sin elementos de conocimiento que nos permitan explicarnos por qué ésto es así. Al igual que en el caso de la úlcera de estómago se ha encontrado una teórica causa infecciosa (y han llamado al ‘bisho‘ Helicobacter pylori) para explicar una patología que, clásicamente, se veía empeorar en primavera y en otoño, quizá algún día se diga (e, incluso, se demuestre) que tal o cual virus que se propaga con los pólenes de tal o cual planta, es el responsable de las depresiones, las migrañas, distintas clases de reuma o lo que uno se quiera imaginar. Pero no todo se explica, se puede explicar así. Una vez conocido H. pylori y elaboradas las herramientas para su diagnóstico, tratamiento y comprobación de la eficacia del mismo (desde el punto de vista infeccioso, microbiológico), se sabe que esta última tiene lugar en un 70-90% de los casos en los que se prescribe una terapéutica correcta (la enorme variabilidad en el porcentaje que cito depende de múltiples factores: cepas de la bacteria, uso previo de antibióticos en cada paciente y en cada comunidad o área geográfica, exactitud y reproducibilidad -esto es fiabilidad, en un lenguaje más coloquial- de los variados sistemas para el diagnóstico y comprobación de la erradicación del germen, interacción del sistema inmune de cada individuo con el invasor…). Sin embargo, teniendo en cuenta que esta patología representa un amplio porcentaje de entre todas las que producen unos síntomas parecidos y, por tanto, reciben tratamientos sintomáticos (paliativos, aliviadores) similares (en este caso, dirigidos a disminuir la acidez de los jugos gástricos, cuya capacidad erosiva es determinante en la producción de todas estas lesiones: aparte de la úlcera, gastritis, duodenitis, esofagitis), la disminución en el uso de dichos productos farmacéuticos está lejos de disminuir. Por supuesto, cualquier análisis que implique múltiples variables biológicas es difícil de confeccionar, y, más aún, de poner en práctica, pero se me antoja que, independientemente de que dicho consumo haya podido aumentar en otros ámbitos (el de la protección gastrointestinal en pacientes, sobre todo los de mayor edad, que reciben diferentes tipos de fármacos potencialmente lesivos es, con toda seguridad, el de mayor importancia, dada la casi total generalización de esta práctica), el bichito no lo es todo. Y, aunque sea sólo desde la pequeña (pero que estimo valiosa) experiencia personal y profesional, pienso que los mismos factores que nos alteran el humor, son los que nos producen un ardor, una diarrea, un infarto o una jaqueca. Son comunes. No los llamaría desconocidos, por tanto: pero sí inaprensibles para nuestro nivel de tecnificación y conocimiento. Es de prever que todo llegará. Si la comunicación científica encuentra tal cantidad de dificultades para ser asumida como válida, a pesar de superar una serie cada vez mayor de filtros que tratan de reducir todo tipo de tendenciosidad, ¿qué nos puede pasar en el terreno de la comunicación en pantuflas? Quizás el principal obstáculo para la comunicación entre las personas sea la propia herramienta que se ha diseñado a tal fin: el lenguaje. Un instrumento que sufre, a lo largo de su larga existencia, una progresiva degradación y es sometido a la influencia de los poderes, sin que ello sea -la mayor parte de las veces- tenido en cuenta por el usuario común del mismo. La combinación de ese lenguaje perverso y las diferentes variantes de cognitive bias da al traste con casi todos los intentos de comunicación en la vida diaria. Curiosamente, parece que no es así y que la comunicación fluye, pero es sólo ruido, una mala interpretación (o falta de la misma) facilitada por el aislamiento personal y el supuesto welfare state en el que se nos dice que vivimos. La ausencia de comunicación se pone de manifiesto, nos golpea en las narices cuando surge un problema y no es posible abordarlo en términos dialécticos. Volviendo al poema que me sirvió como entradilla, y volviendo a Rosita y a mis amigos, me parece que sólo cabe apelar a la empatía, a la intersubjetividad más benévola y cariñosa para salir de este paso sin resultar destruído. Nada fácil: es una de las piezas clave de la inteligencia emocional, uno de los proyectos más ambiciosos aplicados a la disección de la mente humana. Please wait while the page is being loaded. If this message is shown forever, the page did not load. So try again… Ámame tú, sonríeme, ayúdame a ser bueno. No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí porque te hieres. También, con ésto, trato de agradecer y responder a las palabras de Laura en el post previo de El Pecador: no sé qué sentido tienen las cosas, pero sí procuro darles...

La Nada

a 25 abril, 2008 en Fotos, Música, Nuestra Gente | 4 comentarios

Busco algo que decir, que contar aquí. Pero no me sale nada. Paso por un momento que nunca antes conocí. Me tiene absorto. Corre el tiempo y la idea sigue ahí. La idea es la inutilidad, la futilidad del acto comunicativo, del esfuerzo racional, ante el bloqueo de las mentes. La idea es, también, la abyecta sensación de traición social. A lo peor, visto lo visto, éso es precisamente lo que me tiene que salir: la nada. Espero que te llegue, de alguna manera o por algún camino que desconozco y en el que no creo, pero tú sí. Quiero respetar tu...

by huesu™

a 11 abril, 2008 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 12 comentarios

Te conocimos así en este patio, del que eres una de las más prolíficas comentaristas. Luego me contaste que ése era el apodo cariñoso con el que te llamaba tu padre, aunque nunca supe por qué. Ahora hacía unos meses que no intervenías: precisamente desde aquel post de With A Little Help From My Friends. En él yo os contaba -te contaba- que, a pesar de estar solo, me sentía, más que nunca, acompañado por vosotros, mis amigos -por tí. Siento, para mi desgracia, que no he sabido acompañarte. Que mi compañía fué inútil para arrancarte de la desolación, de la decepción. Y me duele como pocas cosas me han dolido en toda mi vida, porque yo sabía que la tuya estaba en la encrucijada. Pero aún en estos momentos tan tristes, no puedo evitar verte reir, socarrona, inteligente. Entornar tus preciosos ojos con estilo, elegante, desenvuelta. Caminar con la frente bien alta, orgullosa y desafiante. Desparramar tu ironía y saberte diferente. Sobrevolar. Estar pendiente de todo y de todos, generosa como nadie. Y tierna. Esa ternura de quien conoce el amor pero le falta. Siempre serás tan dulce y tan picante. Siempre serás. Mientras escribo ésto, se me caen las lágrimas y sonrío. Lloro porque no podré volver a verte, a hablar contigo, a aprender tanto de música y de cine, a soñar con tus viajes fabulosos y bucear entre peces de colores. Pero sonrío pensando que nunca te olvidaré, porque así eres: inolvidable. Gloria a tí, huesu. Te lo canta uno de los tuyos: John...

Tu Nombre Me Sabe a Yerba

a 27 febrero, 2008 en Fotos, Música, Nuestra Gente, Sociedad, Varietés | 6 comentarios

Entre otras cosas, sí, a yerba. También me sabe a chocolate, que, aunque podría ser lo mismo, no lo es. A veces, sin embargo, su regusto es más bien ahumado, como un buen whisky de agua de turba, y un poco picante, como el aceite crudo de oliva picual, con ese deje levemente amargo en la garganta. Me he encontrado con él, de madrugada, y me perseguía en sueños, o era yo el que lo perseguía, ya no me acuerdo. Al amanecer, esos días, su sabor era metálico y dulzón, como el de la sangre. No se por qué, ha habido veces en las que un intenso aroma a lavanda me inundó mientras lo recordaba: quizá eran días cálidos del pasado verano, de esos sin un ápice de brisa, en los que un paseo cerca de la costa te hace imaginar pinares y sicómoros desparramándose en lenta caída por el acantilado mediterráneo hacia el mar. Estos últimos días es cuando más me sabe a hierba: verde, fresca y algo húmeda. Así me acordé de Serrat, y aproveché para dedicarles ese homenaje que es su canción a los que se aman, como lo hacían estos dos preciosos jovenzuelos que encontré en las playas del Este de La Habana, en Guanabo. Me acerqué para decirles que era una maravilla mirarlos: se rieron, se besaron, y se despidieron con un gesto cómplice entre ellos y conmigo. Y, mientras buscaba en internet la canción para ponérsela de soundtrack en flickr a los amorosos bailarines, me encontré casualmente con el sketch de la película Palabras de amor en YouTube en la que Tete Montoliú acompaña a Serrat al piano mientras la cantan, rodeados de unos interesantes ejemplares de la sociedad del momento. No me he podido resistir a traerlo aquí, tanto en homenaje a Serrat (¡era un nene!), como a la elegancia que destila aquella reunión, la sutileza de las miradas, la precavida mesura de los ademanes, la suavidad de las sonrisas… De alguna manera, es un homenaje a todas estas cosas que no están de moda, pero están en tu nombre. Y están en...

Un Sábado en la Playa

a 14 febrero, 2008 en Coña, Fotos, Música, Nuestra Gente, Sociedad, Varietés | 6 comentarios

  Al llegar, me doy cuenta de que la toalla que metí en la mochila es pequeña. No demasiado pequeña, pero pequeña, al fin, ya que escasamente me permite apoyar cabeza y tronco sin contactar con la arena; las extremidades apendiculares deberán mantenerse en alguna postura arbotante, si se desea evitar dicho contacto. Pienso si, en la fase de big crunch en que se halla mi universo unipersonal (el primo Contravoz me dijo, en Segovia, que le dejaba atónito mi oscilante existencia física: las fases de Big Bang -gordo, politoxicómano, promiscuo-, seguidas en unos años, no muchos, por otras de Crunch -flaco, vigoréxico, cuasieremita-; …supongo que todo esto tendrá que ver con la ciclotimia de la que soy pasto, y con múltiples X-files de lo que han dado en llamar mente); decía, pues, que probablemente cuando metí la toalla tenía vigente una representación de mí mismo más crunch de lo que en realidad soy -hasta la fecha: el proceso de shrinking aún está en marcha- y, bueno, ahora tocaba doblar las rodillas y tener los bracitos bien pegados al cuerpo, procurando no mirar con deseo y una cierta displicencia a mis vecinos y los toallones sobre los que se desparramaban. No dispone de flash BRYAN FERRY: The Times They Are a-Changin` WWW.LISTENGO.COM Cada uno tiene su rito, al ejecutar una determinada actividad mil veces practicada. En mi caso, un buen rato después de haber extendido el exiguo trozo de tela sobre la arena, y de haberme despojado de las prendas que las costumbres permiten sin originar escándalo y ulterior aparición de las llamadas fuerzas del orden público (es decir, de todas excepto aquella que tapa el vello -¿bello?- púbico), me hallaba, libro en mano, haciendo una nada somera revisión (casi inventariado) del género humano circundante. Y, en esta ocasión, a diferencia de otras en las que dicho escrutinio no tiene por mor objeto alguno determinado, sino más bien la detección de, digámoslo así, cualidades concretas pero de distribución difusa, la tarea que mi cerebro desempeñaba era la búsqueda y análisis rápido y secuencial de UNA silueta femenina, esbelta y elegante, de fácil distingo entre muchas otras. Get this widget | Track details | eSnips Social DNA Me di por vencido: una aguja es, ciertamente, muy diferente de la paja, pero no por ello fácil de encontrar en un pajar… ¡y puede que ni siquiera fuera aquel pajar! Cosas de las premoniciones, en fin. Helena o el mar del verano me tuvo absorto hasta que llegaron Pepix y Lagavulin, que al verme exclamó: “¡Que sobriedad, que austero se te ve sobre esa toallita de bidet!”. Parece que, efectivamente, se trataba de algo objetivo. Tras unas risas respecto a mi talante oteador previamente descrito, comentamos alguno de los pasajes del libro de Ayesta, autor gijonés de -creo- escaso conocimiento general, pero muy recomendable, al menos en lo que se refiere a esta preciosa y divertida novelita. Cerca de nosotros, instaladas comme il faut (es decir: con sus sillas y tumbonas, sombrillas de rápido despliegue y firme asentamiento antivendaval, juegos de naipes, labor de tejer y/o coser, todo tipo de comidas y bebidas, potingues variados para sus pieles y las de algunos infantes -una recua- que parecían estar bajo su gobierno…), despachaban a gusto un grupillo de mujeres de edades tan variadas como indefinidas (de hecho, no llegué a saber si aquellos niños eran hijos, nietos, sobrinos o endosados varios), con un timbre de voz digamos que muy gijonés (chorro potente, tono más bien agudo) y, bien clara despreocupación por si el entorno se estaba enterando de su conversación, bien manifiesto interés en que así fuera. Tendido boca abajo, ya perdida toda esperanza de no rebozarme en arena (a lo dicho previamente, se añadió una brisilla -por llamarla suavemente- que resultaba un auténtico incordio), decidí cerrar los ojos y abandonarme al cotilleo y la imaginación. Suculenta y asombrosa charla la de aquellas féminas: la líder del grupo -unos 30 años, aventuro-, claramente distinguible por su voz aún más estridente, recababa información entre las otras sobre sus habilidades en el manejo de interné. Porque hay que decir que ella, desde que había puesto el su hombre un rúte, se animaba a entrar mucho más porque aquello iba como un tiru, y metíes lo que fuera nel gúgle y sacábatelo todo por la impresora láse, como un libru, neña. El problema era que, ahora, al haber sólo un ordenador en la casa, el su hombre protestaba porque ella se pasaba muchas horas delante de la pantalla y él no podía conectarse practicamente nunca en su tiempo libre. – No fía, ya y lo dije l’otru día: “lléveslo claro, chaval: ¿que me quite yo?, ¿pa’ qué? Si tú sólo quiés ponéte pa’ ver págines porno y hacéte pajes… ¡Pues no! Folles más, que ye lo que tiés que hacer, y déjeste de osties, que me tienes contenta”. No, fía, no: tan muy mal enseñaos, y éso ye tóo la madre, la bruja d’élla, siempre caprichinos p’acá-p’allá… Pero a esti voy ponélu yo al hilo, verás… Después, vino el sopor, y más tarde, el baño con Lagavulin, nadando hasta la boya de la bocana del puerto, con un inconfundible estilo pedestre, o como fuere el adjetivo que sería aplicable a esa descripción en el agua. Mientras charlaba con él en mar abierta, viendo salir los barquitos y planear en busca de algún pez las gaviotas sobre nuestras cabezas, se me ocurrió...