Sé muy poco, casi nada, de lo que quiere decir esa ecuación que pongo en el título. Sé algo más de cómo divertirme y pasarlo bien: disfrutar de la vida, como concepto, y mientras se pueda.
Alimentarse es una necesidad biológica. Comer, en un sentido más amplio, es todo un ritual en el que cada componente tiene su importancia.
Si, en Asturias, se quiere sentir la Investigación al sentarse ante un plato de comida…

Si, además, se busca el Desarrollo de las ideas concebidas -en ocasiones, hace años- hasta optimizarlo y hacerlo sublime…

Si, por último, no sólo a uno no le arredra la innovación, sino que le parece un atractivo más a la hora de sentarse a la mesa y experimentar…

… entonces, uno no debería dejar pasar la ocasión de probar la suculenta, refinada y depurada cocina de José Antonio Campoviejo en ese acogedor laboratorio gastronómico que constituye su restaurante El Corral del Indianu, en Arriondas.
Se trata de cocina de autor en el más auténtico (y no prostituido, como cada vez es más habitual) sentido de la expresión: evolutiva y personal, una mirada nueva y diferente. Un primerísimo nivel de creatividad, mise-en-scène y ejecución que le dan -por derecho- un lugar prioritario en la cocina nacional, y que no tiene la repercusión merecida única y exclusivamente por no estar situado en Madrid, el País Vasco o Cataluña. Probablemente, mejor para él. Sin duda, mejor para nosotros. Que siga así, fuerte e incombustible.
De ahí que el resultado de la ecuación sea dⁿ: el disfrute, elevado a la n-ésima potencia. Así lo hicimos el otro día 7 amigos que abajo figuramos; y lo pasamos en grande.
