by huesu™ 2009
Se ha ido un año.
Has estado conmigo cada uno de sus días. He meditado mucho sobre la vida y la muerte, recordando tu vitalidad y tu súbito deseo de descansar. Te he comprendido y te he maldecido. Hemos hablado entre nosotros, tus nuevos amigos. También con algunos de los de toda la vida. A todos asombra, a todos apena hondamente. Te sabíamos fuerte, una leona, como decía tu madre, pero no pensamos que las fuerzas te podían abandonar: éso tan humano. Todos tenemos una gran rabia por no haberte servido de apoyo en la que entonces llamé tu encrucijada. Me has enseñado mucho. Lo sigues haciendo cada día.
La Raitana Mora me hizo llegar hace poco un bello poema de Wen Yi-to que le recordó, por alguna razón, a tí; desde luego, puedo asegurar que estabas cansada, mucho más, harta, ‘de la voz humana que maldice‘:
Acaso estés de veras cansada de llorar.
Acaso necesites dormir.
Que callen las lechuzas,
que no croen las ranas, ni vuelen los murciélagos.
Que no te hiera el sol los párpados.
Que la brisa no te roce las cejas,
que nadie te despierte,
que proteja tu sueño la sombra de los pinos.
Acaso oigas orugas torciéndose en el cieno.
Y las raices de las yerbecillas absorbiendo el agua.
Y acaso te parezca esta música
más bella que la voz humana que maldice.
Cierra, entonces, los ojos.
Te dejaré dormir, te dejaré dormir.
Te cubro poco a poco de tierra,
y quemo poco a poco lingotes de papel.
Él, profesor y erudito poeta que abanderó la nueva poesía china, fue asesinado (represaliado, dijeron los purgadores) por defender la democracia. Es el tipo de cosas que te enervan.
Descansa: duerme tranquila y no tengas prisa, ni sufras congoja por no saber… ya que te lo iré contando todo, día a día, año a año. Todos tus amigos lo haremos. Todos te queremos. Y yo también.
Tu música…
