Se va 2008…
… y me deja muy buen sabor de boca, la verdad. Ha habido de todo, pero mayoritariamente bello y grato, como este paisaje de otoño riojano.
Grandes momentos de amistad y amor. El intento denodado por mantener abierto el hilo de la comunicación con algunas personas, aquellas a las que más te acercas, las que más quieres y/o te quieren, con las que eres capaz de sentir que la emoción y las palabras fluyen. Esa rara y valiosa excepción que llamamos amigos. Y la sensación de conseguirlo. Un puñado de personas. Y un amor.
Y, sin embargo, el fracaso de la comunicación humana se hizo patente, quizá más patente que nunca, con el suicidio de una amiga que no resistió su propia realidad. Fue dramática y trágica la incapacidad nuestra, de sus amigos, de hacerla sobrevivir, de renovarle la emoción y la fortaleza, de mantenerla a flote siquiera, de ofrecerle otra visión, de abrirle una pequeña puerta.
Queda la duda de si los canales de comunicación sólo funcionan a favor de gradiente, es decir, cuando todo va bien o nos situamos -de la manera que sea- en planos que se tocan muy de cerca. Si, cuando necesitemos nuevamente echar mano de ellos para tratar de salir de un apuro o intentar ayudar a alguien que se encuentra inmerso en él, nos encontraremos con un arma encasquillada, ineficaz, inútil. Y, también, qué más podemos hacer para intentar que éso no ocurra, que la realidad sea intercambiable, que no seamos islas, sino, al menos, archipiélagos interconectados.
Para todos los que habéis estado conmigo este 2008. Para quienes seguiréis estando en lo que venga. Para quien sólo puede vivir en nuestro recuerdo. Para todos, va mi abrazo, lleno de energía.

