Esperanza

Liki Fumei | Coña, Fotos, Hedonismo, Música, Nuestra Gente, Varietés | 26 de Noviembre, 2007

Una amiga flickera, Mo, me hizo este regalo, que quiero compartir con este patio.



Si queréis volverlo a ver para fijaros en los detalles (¡es alucinante como todo gira en torno a los ojos y la boca: vas a tener razón, huesu!) y disfrutarlo de nuevo, podéis quitar el sonido que acompaña al vídeo, y probar con esta canción, que también conocí por Mo: Le temps de l’Amour (Françoise Hardy).

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¿Seguís ahí?

Bien, pues, para terminar, una anécdota esperanzadora… aunque no sé muy bien cuál es la esperanza que transmite, pero me gusta hasta la caligrafía, así que, ¿brindamos?

Brindis

Gracias, Mo: tuya ha sido la inspiración.

Amarre y Extremos – Zoe Valdés

Liki Fumei | Poesía, Sociedad, Varietés, Viajes | 21 de Noviembre, 2007

Busca que te buscarás entre la poesía cubana, me encontré con una corriente muy dulzona, de antaño, pre-’59, y otra muy monótona de hogaño. Excepciones hay, algunas en tono reivindicativo, que no me iban, y otras, como ésta, más castizas.

El sincretismo está muy presente allá: se percibe lo yoruba. Tuvimos la ocasión de departir largo y tendido con Estrella, una babalawo cuyo orisha devocional era Yemayá (como Rocío Jurado, miren ustedes por dónde: lo racial, lo castizo, acaba saliendo a flote…), y daba la impresión de estar en conexión cósmica (fibra óptica, nada de ADSL, cable o paparruchas similares).

Escribí en papel de cartucho tu nombre y tus apellidos
lo enrollé y lo amarré con pelos de mi pubis
luego lo molí y lo mezclé con mieles y sudores
no olvidé el buche de café que dejaste en la taza
debí haber agregado un poco de tu semen
de esas gotas que aparecen al otro día
en mis nalgas o en mis encías.
Unté de toda esa crema a mis pezones y a mi clítoris
hice un pase de magia y recé toda la vida.
Pero tú no has vuelto
y menos
tú en mí no te has derramado.

Silueta de Ana maría 

Es de interés. Imagino a Ana María oficiando este tinglado. Perciban ustedes su silueta al sol poniente del atardecer cienfueguino. ¿Sienten las vibraciones? Cuidado, puede tratarse del clítoris: hay personas que dicen haber tocado alguno. ¿Sudores? El preparado contenía capsaicina, la ví moler ajíes con el resto del mejunje. Después de romper a sudar, no hay nada que hacer. Estás en sus manos. Al menos por esa noche. Y el sol ya se ponía…

Puesta de Sol en Cienfuegos

Al final, la autora se queja de la ineficacia del embrujo a más largo plazo. Ni por esas parece lograrse el amarre.

Del poemario Cuerdas para el Lince, Ed. Lumen (1999).

Falling Awake – Gary Jules

Liki Fumei | Música, Opinión | 17 de Noviembre, 2007

Os lo decía ayer: para mí es nuevo, quizá para vosotros no lo sea. Lo encontré buceando en flickr, entre las fotos de Silvia Pavatich (merecen ser vistas; ella también, por cierto), y me encantó.

Gary Jules – Falli…

Al parecer, saltó a la fama más recientemente al ser elegida esta canción para ambientar, para acompañar uno de los momentos más intensos de la tercera temporada de la famosa serie de TV Grey’s Anatomy. Podéis ver las escenas correspondientes a ese momento pinchando aquí.

La verdad es que en muchas ocasiones, como dice una de las protagonistas, somos both: the surgeon (o el médico, que tanto da), and the person that becomes emotionally involved, lo cual puede llegar a ser muy duro, y muy difícil saber qué hacer. Ella parece determinada a un futuro cambio de actitud: I will never cross the line again, [...] I have learnt my lesson. Pero sabe que no es cierto: but I’m still both.

Una profesión, la mía, la nuestra, que, por no tener, ya ni siquiera tiene el glamour que podemos ver en una teleserie americana (no hay más que comparar con las homónimas u homólogas autóctonas). A veces no sabes para qué haces lo que haces, aparte de para ganar un dinero con el que pagar las cuentas.

Debe ser como cuando sabes que te mueres: falling awake, one foot in the grave, one foot in the shower…

Bueno, espero que al menos os haya gustado el amigo Gary Jules.

Entremés freak

Liki Fumei | Coña, Sociedad, Varietés | 16 de Noviembre, 2007

Suena antiguo, como el sainete, pero nunca perderá actualidad. Más si lo que cuenta la tiene, y el marco referencial nos es mucho más propio que ajeno. Lo de freak lo comprenderéis al instante, pero más si ahondáis en el conocimiento del personaje…



Ahí lo tenéis, para que os riáis un rato con el modo de interpretarse a sí mismo de este figura de la kuenka del Nalón, ex-taxista y gijonés adoptivo de pro. Son destacables en esta intervención la gotita de saliva que salpica el objetivo en los primeros fotogramas, así como la escasa sujección de la prótesis dental (arcada superior, tan de nuestra tierra), como veréis. Pero lo más notable es ese humor tan especial, y la sempiterna rebeldía gruñona, en este caso ante el reciclaje de basuras.

Unas pinceladas más, contadas -siempre- por él mismo, pinchando aquí. Y no puedo resistirme a reproducir ciertas recomendaciones para los adolescentes que visiten El Pecador.

La colección completa de sus vídeos, en la página de Jim-Box.

Mañana, música (una novedad que me quema en las manos). Y el domingo, poesía (cubana). Empieza el invierno dentro del otoño (menos de 5ºC casi todas las mañanas y noches). Es más duro volver del Caribe así, pero anima a meterse en casita y darle vida a este Pecador.

La Enfermedad

ManFerro | Nuestra Gente, Opinión, Sociedad | 9 de Noviembre, 2007

Vivir es producir ritmos o hábitos. En medicina se llaman biorritmos y dan los tonos y cadencias a nuestro cuerpo. La enfermedad surge y, con ello, algunos ritmos se quiebran. Su aparición con frecuencia es súbita, dramática. Y puede ser con dolor y en la noche. Dos contrarios no deseables. Así fué en mí. Ha sido preciso entrar en el hospital por una oclusión intestinal. Una obstrucción no seria: 48 horas en aspiración, hidratación, permeabilidad de la vía y, con mi lógica, pido el alta. Salgo y reanudamos nuestros ritmos de viajes: Ricardín a Cuba y yo a Málaga.

Quiero expresar, aparte mi situación de privilegio, lo insólito, por elevación, del personal sanitario. Tiene interiorizadas la alteridad y la alteridad disminuida, de la cual sería una muestra la enfermedad. Está 24 horas dispuesto a una respuesta personalizada para tanta demanda. Transmite información profesional y afectiva, y atiende el control protocolario. El desfavorecido Ismael pedía atención permanente, y allí estaban con secuencias casi minutadas.

Puedo hablar de modelo grupal: sois muy buenos y conmigo excepcionales.

Espero que algún día los Príncipes/Nóbeles dejen el vértice de la pirámide y se acerquen a la base y, entonces, el personal sanitario hospitalario estaréis allí.

Thanks forever.

La Máquina de Follar (reloaded in Cuba, 2007)

Liki Fumei | Hedonismo, Nuestra Gente, Opinión, Sociedad, Varietés, Viajes | 1 de Noviembre, 2007

No. No estamos en el San Francisco posthippie. Ni siquiera en Los Angeles. Y yo no soy el borracho ocurrente de manos finas y blancas que era Hank.

Sin embargo, un halo de sordidez une aquel tiempo con éste. O, mejor, aquel espacio con éste. La vida, tan cambiante, siempre tan repetitiva.

Es casi mediodía y sigo en la cama. Mi cabeza da vueltas alrededor de la náusea y una especie de huracán que suena ahí fuera no ayuda mucho a que mejore. Tampoco el olor a humores rancios que atraviesa una especie (¿otra especie?) de hule que me separa del baqueteado colchón en el que me hundo.

Además, ¿adónde coño iba a ir, lloviendo a mares, con las calles llenas de charcos, en una ciudad tan destrozada como si hubiera terminado ayer una guerra y la maqueta se pudiera visitar? Sólo el bullicio de la gente le quita esa impresión a las calles de las ciudades de este país. Pero con esta mierda de tiempo, ni gente hay.

Se suele decir que “se bebe para olvidar”. Es curioso, porque aquí parece que sucede algo distinto. Cuando hablas con ellos, aún “serenos” (ha de ser temprano), parecen estar hasta los mismísimos de esta vida, de este régimen, de la jodida Revolución, del “barbas” (como se refieren aquí a Fidel, haciendo un gesto de mesarse el mentón al tiempo que se golpean con dos dedos de la otra mano los “galones” en el hombro) y de toda la cochina realidad en la que no les queda más remedio que estar inmersos. Pero, si se toman unos tragos contigo y se trata de largar sobre el rollo político, surge de sus profundidades una defensa aguerrida de todo “lo propio”. Y, entonces, “la igualdad social es un triunfo de incomparable trascendencia, estamos en el centro de la política internacional gracias a la inteligencia de éste y a los cojones que le echa el hermano, somos autosuficientes a pesar del bloqueo yanqui, nuestros sistemas de seguridad mantienen la paz en el mundo…”

Y, claro, seguís tomando: tú y ellos, ellos y tú. Bebiendo para recordar. Y las botellas de ron parecen más pequeñas que en tu país. Pero no. Son iguales. O más grandes (la de ayer era de un litro), sólo que se acaban antes. Y luego te empiezas a marear y te dan arcadas y vomitas y te duele la cabeza y no te levantas hasta la tarde.

Si yo estoy así, me pregunto cómo estará Junieska. Creo que se escribe así: debe venir de algo ruso, pasado por el tamiz caribeño… pero cuando le iba a pedir que me escribiera sus señas ya estaba demasiado borracha. Y como no le gustaba hablar de política (los jóvenes posrevolucionarios es lo que tienen: son unos descreídos, es su rebeldía), me sugirió que fuéramos a chingar (aquí le dicen así a follar, la mayor parte de las veces) a mi casa. Traté de explicarle lo de la canción de Krahe, pero ni caso: en ésto sí que son bukowskianos. Al final, le acabé diciendo lo mismo que la noche anterior a Rachel: “mira, te vas a reir, pero es que no me toca follar hasta Enero, y todavía estamos en Octubre”. La verdad es que se rió bastante, sí: una sonrisa blanca y preciosa, abierta y franca, enmarcada por el raso negro y turgente de su piel; y, por encima de dos pómulos salientes como nalgas de bebé, a través de otras dos blancuras, esta vez no tan abiertas, sino profundas, las más de las veces con un halo triste, sumiso, vergonzoso (penoso, dicen acá), me miraba interrogándome. Es lo que tienen estas muchachitas de veinte años.

Tienen éso, y un difícil equilibrio entre la sobriedad alegre y la borrachera. Y también la tripa tan llena de arroz y frijoles que, cuando empiezan a vomitar no hay quien las pare: cuando había salido de aquella boca tan preciosa el contenido equivalente a una olla mediana, pensé que era el momento de meterla en el coche y acercarla hasta su casa. Pero a la segunda curva -o al tercer bache, que, benévolamente, llaman hueco, tanto da- que nos encontramos, otra considerable cantidad de legumbres se esparció por los asientos a modo de spray aromatizado al ron.

Casi cuarenta años para verme acompañando a esta pobre infeliz de veintidós a su casa a las tantas de la mañana y presenciar la incendiaria soflama que una bella señora, de silueta alta y delgada sólo visible en la negrísima noche del reparto de Cabacú por la túnica o camisón blanco que llevaba puesto, les impartió a sus amigas Doralis y Marlex: “¡ni para la PINGA se acerquen más a mi hija!, ¿lo oyeron?, ¡ni para la pinga vuelvan por acá!”.

Quizá nos hubieran venido bastante mejor unos cuantos pingazos a ella y a mí, que la charla y el puto ron añejo. La verdad. Pero es que estas condiciones, tan aparentemente sexuales, este clima erótico que se dice respirar, actúan sobre mí por otros cauces cuyo resultado es similar al que supongo que debe tener una sobredosis de bromuro. ¡Que horror! No todo va a ser follar, me lo tengo dicho cienes y cienes de veces, pero ésto ya parece una especie de maldición: ¡si aquí se dirigen aviones de todas partes del mundo para dar candela!, como suelen decir constantemente…

Hablando de sobredosis, tengo una teoría. Al igual que Obélix se cayó de pequeño en la marmita en la que Panorámix preparaba la poción mágica, lo cual le confirió una fuerza extraordinaria durante el resto de su vida, aquí parece que el personal también se haya caído en una marmita de pequeño, pero, en este caso, de Valium. O quizás es que el Caribe es una suerte de gigantesca marmita de ron caliente, en la que se cuecen los países antillanos a fuego lento (sólo empiezo a conocer éste: de los demás sé referencias, pero no muy discordantes).

El viento y la lluvia siguen golpeando las tablillas de la contraventana. El viento y la lluvia tienen nombre: TT Noel. Una suave tormenta tropical que no llegará a ser ciclón, según se cree. Estamos a final de temporada y suceden imprevistos, sin embargo.

Después de haber recorrido la isla de lado a lado, con menor inquietud para seguir visitando nuevos sitios que hace más de dos semanas, hoy sería un día perfecto para estar en esta habitación y dejar que Noel se vaya calmando, en compañía de la dichosa botella de ron (menos de un cuarto, que va bajando poco a poco y quitándome la resaca, o tal vez sea el Enantyum lo que lo logre, o ambos), de este paquete de Vegas Robaina (joder, hasta he vuelto a fumar: me da vergüenza escribirlo, pero que rico está este tabaco negro sin filtro) y de una hermosa jovencita acostada a mi lado. Ya me empiezan a dar sudores.

Pero no puede ser. Me da sincera envidia quien puede disfrutar de los placeres de la piel y los sentidos más carnales, manteniendo la mente en ese plano, sin dejar que se vaya a otros que puedan interferir -obviamente, de forma negativa- en el festín.

Por mucho que reviso mi “zurrón ideológico”, no sé a qué achacar esta estrechez. La cosa se podría (se puede) ver de una forma más simple: este es un país sin el aplastante peso de las religiones monoteístas sobre la sexualidad (para una vez que hay algo así, otra lacra de igual o peor calado se instala en las conciencias: ¿es que lo necesitamos?), en el que ésta se vive como disfrute desde temprana edad, la mujer parece relativamente libre para ejercerla a su antojo (quién sabe lo que me encontraría, si tuviera oportunidad de conocer esta sociedad a fondo), y toma una actitud activa, y no SÓLO se acerca a tí porque eres un yuma (extranjero con dinero) y una fuente de divisas (en el mejor de los casos, un medio para abandonar el país). También entra dentro de lo razonable que le gustes, que te vea tan exótico como tú la ves a ella, que tenga ganas de salirse de su tediosa (cuando no directamente horrible) vida cotidiana con alguien a quien ella elige…

He conocido a jineteras (se llama jinetero a todo aquél que trapichea con algo, aunque se conozca la expresión habitualmente referida a las mujeres y el sexo de pago) pero también, y en mayor número, a chicas con sus profesiones o trabajos: peluqueras, contables, informáticas, profesoras de marxismo, estudiantes de 9º grado en nocturno, camareras, profesoras de baile tradicional y salsa, enfermeras (¡enfermeras!), médicos, profesoras de canto (aquí hay muchas profesoras, como se puede ver…), biólogas, dependientas, en fin, una variada representación. Todas entre 17 y 28 años (las mayores de 30 parecen estar en otra dimensión, y no en la de “salir solas a divertirse”, llamémoslo así).

Con ellas he estado tomando café, copas, almorzando, he ido a la playa, de excursión, a su casa, he conocido a sus padres, bailado (¡bailado!), paseado y, sobre todo, charlado.

Y, lo que sobresale de todas esas horas compartidas con ellas, es una gran ingenuidad e ignorancia. O al revés. A los 18 y a los 25. Con hijos y sin ellos. Profesionales de carrera o trabajadoras manuales. Comparten esos rasgos que les dan una especie de candidez de la que sientes, inexorablemente, que te estás aprovechando. Y, a lo sumo, ellas pueden sacar de tí un puñado de dólares, contantes o en especie, historias “del otro lado” con las que seguir alimentando su imaginación, una esperanza de huida. Es simplemente desolador.

Y sus culos meneándose, noche tras noche, en la Casa de la Trova. Sus caderas cimbreándose al son de Compay y otros ritmos. En ese momento, el momento del baile, parece como si encontraran el antídoto contra el Valium. Contra todo.

La Máquina de Follar

Una auténtica máquina de follar. Pero out of order.

¡Ah! Si no estoy de vuelta para San Willibrordo, preguntad en el consulado…