Dance Me To The End Of Love – Leonard Cohen

Liki Fumei | Música, Nuestra Gente | 20 de Mayo, 2007

Imitando a mi querido Lagavulin, hoy os brindo estas dos versiones de una canción que, en su día, me emocionó sin entenderla; después la entendí, pero ya no me emocionaba; y, ahora, cuando aún la entiendo, me ha vuelto a emocionar.

To the end of love… así querría que nos pintara este partido que hemos retomado después de que fuese aplazado por inclemencias meteorológicas. To the end of love: nada más, y nada menos.

Primero, con la voz de su autor. Pongo la letra, por si interesa:

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic till I’m gathered safely in
Lift me like an olive branch and be my homeward dove
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Let me see your beauty when the witnesses are gone
Let me feel you moving like they do in Babylon
Show me slowly what I only know the limits of
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love
Dance me to the wedding now, dance me on and on
Dance me very tenderly and dance me very long
We’re both of us beneath our love, we’re both of us above
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Dance me to the children who are asking to be born
Dance me through the curtains that our kisses have outworn
Raise a tent of shelter now, though every thread is torn
Dance me to the end of love

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic till I’m gathered safely in
Touch me with your naked hand or touch me with your glove
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Ahora, con la voz de Madeleine Peyroux, una delicia. Gracias, Paulitzic por descubrírmela.

¿Qué os llega más?

A mí no me llega la camisa al cuello.

¡¡¡¡¡¡Cui-Ping-Siiing, Cui-Ping-Siiiiiiiiing!!!!

Cui-Ping-Sing – Agustín de Foxá

Liki Fumei | Música, Nuestra Gente, Poesía | 14 de Mayo, 2007

Otro lunes.

De incertidumbres varias y extrañas.

Así he llegado al poeta de hoy.

En esta obra de teatro en verso, escrita en 1940, un emisario y consejero del emperador chino, llamado Hoang-Ti, es enviado por la vastedad de aquella geografía para encontrar la mujer más apropiada para ser emperatriz. Hoang, sin embargo, al conocer a Cui-Ping-Sing no sólo la encuentra sublime en lo que se refiere a la misión que le llevó allí, sino que cae profundamente enamorado de ella. Terrible problema, ya que tendrá que decidir entre ser leal a su emperador o aprovechar la oportunidad que el destino le brinda.

Hay algo, efectivamente, de cósmico en el enamoramiento. Por eso encuentro tan bellas las palabras de Foxá, en boca de Hoang-Ti, hablando de los amantes como si siempre se hubiesen conocido, y fuera este conocimiento actual, personal, material, uno más en la cadena…

A continuación, un fragmento.

…Hoang:

Escucha…

¿En qué otro mundo de cerezas raras

oí tu voz? ¿En qué planeta lento

de bronces y de nieve, vi tus ojos

hace un millón de siglos? ¿Dónde estabas?

Fuiste agua hace mil años.

Yo era raíz de rosa, y me regabas…

Fuiste campana de pagoda, yo era

nervio del ojo que miró a tu bronce.

Nos hemos perseguido,

alma con alma, atravesando cuerpos

peregrinos de venas y latidos,

por pieles de animales, por estambres,

escamas, esqueletos, cortezas;

por mil cuerpos y sangres diferentes,

alma con alma, cincelando torres

de espíritu con lágrima y sonrisa.

…Hoang:

Tú fuiste, Cui-Ping-Sing, todo lo claro,

el cisne o la ceniza.

Yo fui todo lo oscuro,

la raíz, la tortuga.

Tus pechos

son dos nidos calientes,

tejidos en la rama de un almendro.

Gracias por tus pájaros, Tinta China.

Un poco místico hoy, la verdad, Tequila y Sal.

Me falta un canuto de marihuana para disfrutar más de Janis, como en el instituto: recuerdo haberme sentido embriagado por su voz y convencido de poder ser a good man one time to one woman… and it was not exactly my mother whom my mind was wandering with!

Y, también, para inspirarme en las respuestas, y dejar de ser tortuga.

56 días sin fumar NADA.

Insight

Liki Fumei | Fotos, Opinión | 9 de Mayo, 2007

La sombra de la visera oscurece su mirada, que no era nada sombría.

Se acercó tímidamente -si es que el hecho de acercarse no implicara ya dejar de lado la timidez- y trabó conversación con dos extranjeros de lengua incomprensible que éramos nosotros. Parecía usar la tacita de té como báculo para no sentirse tan indefensa en una situación así. Se produjeron unos instantes de comunicación intensa, con todo en contra, excepto el deseo de tenerla. Andaría por los ocho o diez años, y nos resultó encantadora.

Un bello atardecer desparramaba su luz sobre el embarcadero, y las gentes desempeñaban las últimas labores del día: recoger los puestos del mercado, desenredar las mallas de pesca, baldear los suelos de los pantalanes, amontonar la basura, separar los tenderetes del borde de la calle, dejando el paso libre a los xich-lo y a las xe on

El pueblo vietnamita es hospitalario, a pesar de tantos pesares, pero de carácter más bien reservado. La gran densidad de población de las zonas urbanas, el hacinamiento, incluso, de algunas de ellas, no hace que se pierda una sensación de privacidad, de intimidad, que pienso son reales y no sólo apreciadas como tales por quien -como nosotros- se halla disminuido en su percepción al no comprender el idioma.

Todo ello hizo que su manera de acercarse a nuestro lado fuese bastante sorprendente, inesperada, pero también aparentemente espontánea. ¿Cuántas veces lo habría hecho antes? ¿Cuántas más lo haría? ¿Cómo estaba cambiando la mentalidad de los más jóvenes de aquella sociedad, abierta hace pocos años aún al mundo del turismo y las costumbres arrolladoras de los consumidores occidentales? ¿Se extinguirán rasgos esenciales de la personalidad vietnamita y, si es así, es ello conveniente? No me gustaría pensar que todo se queda en unas fotos a cambio de un puñado de dongs.

Y volviendo al plano humano individual: ¿qué había de cierto en la aparente timidez de esta niña que nos había conquistado? ¿Qué valor tuvo nuestro insight, en el sentido de discernment?

Sigo dándole vueltas. A aquel insight, y a otros posteriores.

Herida – Jordi Doce

Liki Fumei | Poesía | 4 de Mayo, 2007

Es viernes, pero el Ciprés me ha sacado los colores en su último comentario.

Quería haber subido un post que tengo atragantado sobre mi reciente escapada a Segovia. Pero no está siendo una semana fructífera. Espero ponerlo la próxima.

Aquí os dejo con un amigo de la niñez, que también tiene su espacio.

Mira bien lo que dices,

el húmedo algodón,

la gasa carmesí donde se aquietan

los bríos de otro tiempo, el terco azar.

 

Esto que ha muerto es el reflejo

donde dura tu vida.

Esto que ha muerto

es sangre parada sobre blanco.

 

Perfecta conclusión

que no concluye,

dice lo que hay en tí de sordomudo,

 

lo íntimo de tí que no sabías

y duele al desplegarlo, frágil,

como una herida.

Del libro Otras Lunas (DVD, 2002), pendiente de su inclusión en edición corregida y ampliada.