Vida – Vicente Aleixandre

Liki Fumei | Poesía | 28 de Marzo, 2007

Hablaba el otro día de él Molina Foix en un suplemento finisemanal y lo cogí al vuelo para traerlo aquí: Aleixandre, probablemente el 27 más moderno. También uno de los más reconocidos urbi et orbe.

Sensualidad a flor de piel, con unas gotas de angostura, como buen cocktail que se precie.

Un pájaro de papel en el pecho

dice que el tiempo de los besos no ha llegado;

vivir, vivir, el sol cruje invisible,

besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.

Para morir basta un ruidillo,

el de otro corazón al callarse,

o ese regazo ajeno que en la tierra

es un navío dorado para los pelos rubios.

Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;

aquí en la sombra sueño con un río,

juncos de verde sangre que ahora nace,

sueño apoyado en tí calor o vida.

Tomado del libro La destrucción o el amor (Ed. Signo, 1935), qué precioso ejemplo del surrealismo (parece un Dalí hecho poema) y su desesperanza.

Reviso algunos poemas más, y me quedo pegado a este otro, que sitúo en otras aguas

Un Vestido y un Amor – Fito Páez

Liki Fumei | Música | 16 de Marzo, 2007

Apropiada para hoy, como un guiño, la canta para vosotros Caetano Veloso.

El Pecador seguirá informando desde Fuerteventura… de sus venturas, fuertes y, hoy, más bien débiles.

Tiempo Despeinado – Inmaculada Mengíbar

Liki Fumei | Música, Poesía | 12 de Marzo, 2007

El mismo olor a tiempo despeinado.

Las mismas calles, los mismos semáforos,

la farmacia de enfrente, el Café de los poetas

tan solo como el aula que esta tarde me ha hablado

de ti en literatura. Y es idéntico

el inefable tacto de la noche en mis hombros

desnudos al calor del misterio o el verso,

y el modo con que acuden a mis ojos portales,

la memoria de calles con parejas lentísimas,

meses, fechas, andenes, madrugadas, al roce

de azahar de esas noches

que aún me reconocen como suya.

 

El mismo olor a tiempo despeinado.

Va surgiendo una hilera dorada de farolas

que hace temblar un resto

de oscuridad en tus labios. Y una niña

se deshace en latidos más allá de tus ojos

mientras tú te demoras

destrenzándole

el miedo.

 

Cuánto silencio

acumulándose

en el espacio breve de una boca a otra boca

hasta fundar el beso. Cuántos años,

para al fin descubrir qué lejos, sí, qué lejos

se hallan siempre dos cuerpos que se aman.

 

Todo aquello que nunca llegamos a decirnos

en aquella ciudad de otoño,

me habla

con tu acento de cosas perdidas para siempre.

 

Y desde algún lugar

del desamor acaso, del olvido

de aquello que tal vez me hizo feliz un día

-tus manos o tu piel- me llega ahora

un olor de azahar que me envuelve y que besa

dulcemente mis ojos, mis labios, un momento,

mientras cierro el balcón.

Tomado de Los Días Laborables. Ediciones Hiperión, 1988.

P. S.: el librito, de múltiples y gratísimos recuerdos, comienza con unas líneas introductorias de Jaime Gil de Biedma, que reproduzco a continuación.

Pero, después de todo, no sabemos

si las cosas no son mejor así,

escasas a propósito… Quizá,

quizá tienen razón los días laborables.

Y es que, a veces, trepo por tu recuerdo, como una enredadera… casi sin quererlo.