Ran

ManFerro | Nuestra Gente, Opinión | 16 de Noviembre, 2006

Ayer muere Ran.

Era mi cotidiano. Me apoyaba en su compañía.

Conozco algo de humanos, y no puedo imaginar que sepa algo de perros. No se si me apreciaba, menos si me quería. Sí, que dependía de mí. Su mirada era evidente en este aspecto.

Se enferma grave. Viene Nacho, el veterinario, y confirma este pronóstico. Se decide entre él, el profesional, y yo, la eutanasia. Y en un brevísimo tiempo muere Ran. A la media hora, alguien de un servicio municipal se lleva a Ran en un saco. Y en aquel saco iba Ran reducido -ahora sabemos mucho de este verbo, con los programas de cocina-: tenía el volumen de un gato. Es sabido, la muerte nos reduce.

Todo ha sido muy triste, pero muy sencillo. No ha habido papeles -excepto la nota de pagar el porte de mensajería. Claro, Ran y los suyos no tienen dioses del silencio, ni los que hablan -desde aquí- por ellos. No hay culpas, prohibiciones o castigos. Se hace eutanasia sin papeles. Pura y simple realidad real.

ManFerro

Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia

Liki Fumei | Opinión | 4 de Noviembre, 2006

Anteayer, Sir Arthur se adhiere (en su tercera acepción, según la RAE: “convenir en un dictamen o partido y abrazarlo”) a las iniciativas de la ALCD, con la esperanza de que, al menos, sea “una buena plataforma para el intercambio de ideas”.

Hay algo de pleonasmo en el nombre elegido: siempre sospechoso.

Como queda dicho en algún sitio de este blog, el fondo de la cuestión es que la Condición Humana es corrupta, y, para tener más libertad y manifestarla, el hombre sabe que necesita El Poder.

Ahí se quedan los intentos de asociación: en un nuevo sistema corrupto, réplica infinita de todos los que han ido existiendo.

Este carácter autoperpetuador, me da que pensar que el deseo de poder, de la misma forma que la engañosa ingenuidad, deberían ser considerados como memes, al igual que lo es la idea de dios.

No obstante, es preferible andar por estos derroteros alternativos y por otros, que por los más clásicos, putrefactos y omnipresentes de las oligarquías políticas de nuestros próceres.

Por cierto: qué apetitoso parece el desgrane de uno de ellos a manos (garras, más bien) del admirado/desaforado Bueno

Como para perdérselo, vamos.