Defensa de la Alegría – Mario Benedetti
Siempre -toda generalización es falaz- me he considerado alegre. Creo que los que me han rodeado, también -¿quién lo sabe? Ellos, quizá.
Viendo el semblante risueño de Benedetti, me dio la envidia típica de quien nunca podrá llegar a algo que le importa, sea cual sea ese algo.
La alegría.
Brindo alegremente por todos vosotros, mis amigos y los que yo creo que lo fuísteis, y deseo que la alegría sea mi tarjeta de visita, hoy y siempre.
Y es que hoy, me siento alegre.
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del caos y de las pesadillas
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas
defender la alegría como un atributo
defenderla del pasmo y de las anestesias
de los pocos neutrales y los muchos neutrones
de los muchos diagnósticos y de las escopetas
defender la alegría como un estandarte
defenderla del rayo y la melancolía
de los males endémicos y de los académicos
del rufián caballero y del oportunista
defender la alegría como una certidumbre
defenderla a pesar de dios y de la muerte
de los parcos suicidas y de los homicidas
y del dolor de estar absurdamente alegres
defender la alegría como algo inevitable
defenderla del mar y las lágrimas tibias
de las buenas costumbres y de los apellidos
del azar y también
también de la alegría
Tomado del precioso libro de Eduardo Longoni “Mario Benedetti: poemas revelados. Un hombre en imágenes y palabras“, de la editorial Losada.