Fragilidad

Liki Fumei | Medicina, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 27 de Febrero, 2010

Vivimos momentos de crisis mundial, según dicen los expertos (los mismos que ni siquiera la olieron meses antes de que estallara…).

La crisis se deriva de la explosión, de la volatilización de una burbuja financiera que -para algunos- tiene su origen en el modelo económico y productivo llamado capitalismo. Pero, si se escarba (no es necesario mucho ahínco), bajo las toneladas de tinta con las que -desde unos puntos de vista y otros bien diferentes- se ha tratado de diseccionar la situación, siempre aparece la misma palabra u otras que aluden al concepto: se ha perdido la CONFIANZA.

Y, por lo que se ve, la confianza (o su falta) está detrás de la estabilidad de los mercados, del famoso hipo del indonesio que se percibe en cuestión de instantes en Wall Street, de la concertación social, del índice de precios al consumo, de los éxitos (si los hubiera) de la diplomacia internacional en la negociación de conflictos… la sostenibilidad de todo un sistema (el humano), en definitiva, parece cimentarse en un concepto tan etéreo como frágil. Curiosamente, en el idioma inglés hay una palabra polisémica muy ilustrativa de por dónde van los tiros: trust

La fragilidad es el hilo conductor de nuestra existencia, y hacia ella se dirigen los arpones de todo sistema -cualquiera que sea- cuya ambición sea el control de los elementos (individuos) para provecho propio (no harían falta ejemplos, pero sólo recordaré que las creencias, también cualesquiera que sean -religiosas, políticas, sanitarias, deportivas- son el eje, el libreto de esta ópera de enormes dimensiones).

Pero nada ni nadie puede esconderse de dicha fragilidad. Una aciaga noche de hace escasamente tres semanas, la vida de una chica de 22 años se escapaba entre las manos de las personas que constituíamos el equipo de guardia en la UCI y el quirófano de mi hospital. Alejandra se había sentido mal la tarde antes: un cólico al salir de la ducha cuando se preparaba para ir a cenar con su novio, como tantos sábados, la había dejado pálida y sudorosa. Una malformación vascular (probablemente congénita) acababa de estallar, como una bomba de relojería, en el interior de su abdomen. A pesar de la práctica inmediatez con la que se le dispensaron todos los cuidados encaminados a mantenerla con vida, su corazón dejó de latir, exangüe, pocas horas más tarde.

Su padre había estado bromeando con ella un día antes, ya que acababa de obtener su primer trabajo: ‘Estás contenta porque empiezas, pero tienes camino por delante… ¡te va a tocar hasta los 67, o más!’, le dijo, aludiendo a la reciente propuesta gubernamental para retrasar la edad de jubilación de los trabajadores. Su desconsuelo era infinito cuando me contaba -entre sollozos y alguna maldición- esta anécdota.

Aunque pretendamos refugiarnos en la tecnología, las pólizas de seguros o la religión, sería más lúcido (y también más digno) aceptar que la incertidumbre, la duda (es decir, lo contrario al dogma), constituyen nuestra esencia más íntima, y, por tanto, la moneda de cambio más universal para nuestras (trans)acciones.

A mi amigo (y compañero de trabajo esa noche) Tomás, que en alguna ocasión ha contribuído con su preciso verbo en verso a embellecer este patio (Bardo, se hace llamar aquí), la dantesca escena le trajo a la memoria otra vivida bastantes años atrás con una amiga suya como triste protagonista. Para ella compuso, en aquel entonces, este tan bonito como horripilante poema que ha querido compartir hoy con todos nosotros:

Si fuera tocarte
y ordenarte:
levántate y anda;
pero no soy el impostor.
Reconozco a la muerte,
lleva rozándome
en un sin fin de descuidos.

Si pudiera al llorarte
empaparte
de la linfa
que te falla
y que esas campanas
(que ya esperan)
se quebraran.

Ay, niña, si pudiera yo volverte
con mirarte.

De aquella noche aciaga sólo me queda ésto: consciencia del otro, empatía, metacognición, y el agradecimiento y la complicidad para con Elisa, Lorena, Juan y Tomás por haber hecho posible la sensación de trabajar al unísono ante una situación tan horrible, tan adversa.

Ya me han contado hasta ocho – Charles Bukowski

Liki Fumei | Fotos, Opinión, Poesía | 14 de Enero, 2010

Desde mi cama
Observo
3 pájaros
en un cable
de teléfono.

Uno se va
Volando
Luego
Otro.

Queda uno,
Luego
También él
Se va.

Mi máquina de escribir está
Silenciosa como un sepulcro.

Y yo me he quedado
Reducido a observar
Pájaros.

Simplemente he pensado
Que te lo debía
Contar
Cabrón.

Se va 2009…

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 31 de Diciembre, 2009

Me gusta concluir el año enviando algunas palabras, alguna reflexión, desde esta pequeña atalaya que supone El Pecador, esperando encontrar ecos cercanos o lejanos, o simplemente sentir que quedan flotando en eso que llamamos nuestro patio.

Cada año que pasa supone un eslabón más en la cadena que nos lleva del nacimiento a la muerte, cuyo punto medio no conocemos si no es por estimaciones estadísticas. Y da la impresión de que uno se hace más sensible -que no necesariamente vulnerable- a la idea de la muerte, la enfermedad y lo que conllevan, a medida que se va viendo más próximo -aunque sea sólo numéricamente- a ellas. El tiempo no se detiene, aunque los relojes se paren.

Este año se fué mi madrina, Manolita, y de ella me quedarán muchos recuerdos infantiles. Su casa estaba cerca de la nuestra, en un ambiente entonces rural (el cemento ha dejado pocas referencias) que era mi terreno de exploraciones cuando niño. La recuerdo siempre metida en la cocina, bien fuera haciendo comida para casa o para el restaurante y llagar que tenía y ahora regentan sus hijos: fabada, caldereta, chorizos a la sidra, tortillas, brazo de gitano, casadielles, picatostes…;  aquella cocina de carbón y leña que tanto tardó en cambiar siempre estaba rugiendo, y a mí me encantaba enredar por allí todo cuanto podía y fijarme en cómo se hacían las cosas de los pucheros, que ya entonces me empezaron a interesar. Los domingos solía obsequiarnos con un arroz con leche de los más ricos que recuerdo, y, en Pascua, con el bollu: un ‘tronco’ de chocolate y galletas que yo no tardaba en devorar.

Pocos meses antes se había marchado Manolo, que, aunque no era mi padrino, si hubiera podido elegir me hubiera gustado que lo fuera. Una combinación extraña -por lo infrecuente- de tolerancia y hedonismo, revestidos de una elegancia fuera de lo común. Creo que nos caíamos bien, yo le quería, y su viuda, Marisa, me obsequió con algunos libros a su muerte, y con unos poemas de procedencia medieval y persa: unos maravillosos rubaiyat de Omar Jayyam, matemático y poeta de los siglos XI-XII, que dejó huella en su paso por aquella Samarkanda intelectual, políglota y exhuberante de gentes (cerca de medio millón de personas) y conocimiento, previa al azote de Gengis Kan. En sus versos hay una mezcla de lucidez, materialismo, escepticismo, bañados en delicadeza, que hacen increíble su contemporaneidad con el tenebroso encastillamiento feudal que se daba en occidente. Un bello recuerdo que conservaré.

Bebe. Es largo el tiempo
que habrás de dormir bajo la tierra
sin mujer, sin amigos.
El instante que pierdes
lo pierdes para siempre.

Así que, estoicamente, epicúreamente, cínicamente, cirenaicamente (en algunos casos) o escépticamente, habrá que procurar abrazarse al hedonismo en su variante más dulce para mí, que es la que aúna sensualidad y desapasionamiento, salpicada -eso sí- con unas briznas de racionalismo.

Por fortuna -o genética, que tanto da- varias de esas propuestas me son -prácticamente- innatas. Y gracias a mi querida Pi Xing se hacen más fáciles y divertidas.


Sweet wonderful you,
you make me happy with the things you do…
Oh, can it be so:
this feeling follows me wherever I go.

Desde aquí os deseo salud y la posibilidad de alcanzar el equilibrio ansiado. Besos y abrazos.

Mario Benedetti (1920-2009): transversal y agridulce

Liki Fumei | Arte, Fotos, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 19 de Mayo, 2009

En una ocasión, aquí, un espejismo que se proclamó mudo ciprés, tomando prestada la figura de aquel de Silos de Gerardo Diego, me recriminó mi preferencia por Neruda y Benedetti. En realidad, si hubiera una sola, ésta tendría que ser la del último: la del gran escritor uruguayo Mario Benedetti.

Mario Benedetti

¿Cómo se puede tener la sensación de conocer, incluso de ser amigo de alguien al que no has visto nunca y que ya nunca verás? Pues así es: puedo decir que me lo presentó una íntima amiga mía hace no muchos años, en los ‘90, y, al mostrármelo, al introducirme en su mundo de sensibilidad, compromiso y empatía, me dió a entender que si profundizaba en su obra, en su conocimiento, quizás pudiera comprender mejor nuestro entramado sentimental, y aprender a formular el pensamiento -a veces tan retorcido y complejo, a fuerza de un baldío exceso de reflexión- de una manera lo más clara y directa posible. Y así, poco a poco, se fué haciendo uno de los míos, un referente, un lugar al que volver en los momentos más tristes tanto como en los más alegres. Alguien reconfortante.

En algún sitio leí que Serrat -que puso música a muchos de sus poemas, y colaboró estrechamente con él, hasta hacerse amigos- dijo que era un poeta transversal. Aunque me parece una gran definición, ya que da idea del alcance de su obra, de su capacidad de penetración en muy distintos grupos humanos (etarios, culturales, temáticos, sociales, políticos…), me gustaría ponerle un apellido que para mí la redondea: agridulce. Es capaz de golpearte con la realidad más mísera, mientras te acaricia con su mano de seda; ahonda en la abyección de la condición humana, sin dejar de arroparte con su verbo y su actitud amable; retrata a la perfección las situaciones más crueles, pero lo hace sin regodearse en el casi necesario pesimismo o desespero. Tiene, por ello, el encanto añadido que se atribuye a las combinaciones sweet & sour: aligera la amargura sin el cinismo, la hipocresía o la ignorancia de otros.

Su mujer, Luz, su compañera durante más de 60 años, aquella con la que había hecho un trato por el cual podía contar con él (no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo), murió en 2006, devastada por una demencia. Éso parece haber supuesto para él el último revés: a pesar de refugiarse en la escritura, se fué dejando, abandonandosé, dicen allá. Regresó a Montevideo para no volver más a Madrid y aún produjo un suculento breviario en prosa titulado no en vano ‘Vivir adrede‘ (Alfaguara, 2008). En él encontré una perla, un maravilloso epílogo a esta mínima biografía:

EL MUNDO PASA

Desde mi sólida banqueta, o sea desde mi trono de pelagatos, veo desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las fragatas que en el puerto se mecen impasibles, los murciélagos que inmóviles vigilan, las golodrinas que regresan cargadas de experiencia.

También manos que ahora son casi garras, bocas seductoras que reclaman besos, pieles que se convierten en pellejos, ojos que aman cuando miran, colinas de allá lejos que se acercan, arroyos que se vuelven ríos, ríos que se vuelven mares.

Desde mi sólida banqueta, desde mi trono de pelagatos, veo cielos que se aclaran y oscurecen viejitas que no hace mucho eran muchachas, desalientos que fueron esperanzas. Pero también futuros que se abren y nos llaman, con promesas que quién sabe y no obstante admitimos.

El mundo pasa sin interrupciones, con paisajes que llenan el contorno, alarmas con abismos, glorias inaccesibles, perdones que no pedimos y alborotos en la conciencia cerrrada con candado.

Hasta que una noche inesperada, los párpados sucumben y ya no se levantan.

Mario Benedetti

Se me ocurre terminar este recuerdo de hoy, ya que el de siempre ahí seguirá, con una cita dura e irónica, muy de su estilo:

La muerte es horrible pero… ¿con qué podríamos sustituirla?

Elias Canetti.

by huesu™ 2009

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Opinión, Poesía | 11 de Abril, 2009

Se ha ido un año.

Has estado conmigo cada uno de sus días. He meditado mucho sobre la vida y la muerte, recordando tu vitalidad y tu súbito deseo de descansar. Te he comprendido y te he maldecido. Hemos hablado entre nosotros, tus nuevos amigos. También con algunos de los de toda la vida. A todos asombra, a todos apena hondamente.  Te sabíamos fuerte, una leona, como decía tu madre, pero no pensamos que las fuerzas te podían abandonar: éso tan humano. Todos tenemos una gran rabia por no haberte servido de apoyo en la que entonces llamé tu encrucijada. Me has enseñado mucho. Lo sigues haciendo cada día.

La Raitana Mora me hizo llegar hace poco un bello poema de Wen Yi-to que le recordó, por alguna razón, a tí; desde luego, puedo asegurar que estabas cansada, mucho más, harta, ‘de la voz humana que maldice‘:

Acaso estés de veras cansada de llorar.
Acaso necesites dormir.
Que callen las lechuzas,
que no croen las ranas, ni vuelen los murciélagos.

Que no te hiera el sol los párpados.
Que la brisa no te roce las cejas,
que nadie te despierte,
que proteja tu sueño la sombra de los pinos.

Acaso oigas orugas torciéndose en el cieno.
Y las raices de las yerbecillas absorbiendo el agua.
Y acaso te parezca esta música
más bella que la voz humana que maldice.

Cierra, entonces, los ojos.
Te dejaré dormir, te dejaré dormir.

Te cubro poco a poco de tierra,
y quemo poco a poco lingotes de papel.

Él, profesor y erudito poeta que abanderó la nueva poesía china, fue asesinado (represaliado, dijeron los purgadores) por defender la democracia. Es el tipo de cosas que te enervan.

Descansa: duerme tranquila y no tengas prisa, ni sufras congoja por no saber… ya que te lo iré contando todo, día a día, año a año. Todos tus amigos lo haremos. Todos te queremos. Y yo también.

Tu música…

The God Delusion

Liki Fumei | Fotos, Opinión, Poesía, Sociedad | 21 de Enero, 2009

Probablemente ya sabéis que así se titula el estupendo libro de mi tocayo Dawkins, aquí traducido como ‘El Espejismo de Dios‘, aunque, una vez leído y vista la estructuración del tema que el autor hace, pienso que habría sido más adecuado emplear un término menos suave o poético que espejismo, y usar en su lugar otro más incisivo como delirio.

Ya en alguna ocasión se había hablado en El Pecador de este autor, y de los memes por él descritos. Estos últimos tiempos sale a la palestra en los medios de comunicación locales, porque en Barcelona se adopta una iniciativa tomada por su fundación en Londres: algunos autobuses urbanos lucen, en sus espacios reservados a publicidad, esta leyenda:

“PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA LA VIDA”

 

Me gustaría reunir aquí, con el permiso de aquel mudo ciprés que un día me increpó por reiterarme y/o regodearme en la lectura o/y divulgación de determinados autores, esta idea -para mí certera, incisiva y necesaria- y su versión poética -espléndida de forma y fondo- a manos de Mario Benedetti.

QUIÉN SABE

¿Te importa mucho que Dios exista?
¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?
¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?
¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?
¿que los torturadores puedan ser hijos de Dios?
¿que haya que amar a Dios sobre todas las cosas
y no sobre todos los prójimos y prójimas?
¿Has pensado que amar al Dios intangible
suele producir un tangible sufrimiento
y que amar a un palpable cuerpo de muchacha
produce en cambio un placer casi infinito?
¿acaso creer en Dios te borra del humano placer?
¿habrá Dios sentido placer al crear a Eva?
¿habrá Adán sentido placer cuando inventó a Dios?
¿acaso Dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre,
o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que Dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para tí una catástrofe
más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importará si te enteras que Dios existe
pero está inmerso en el centro de la nada?
¿te importará que desde el centro de la nada
se ignore todo y en consecuencia nada cuente?
¿te importaría la presunción
de que si bien tú existes
Dios quién sabe?

Por todo ello, parece claro que si al primero de los Mandamientos de ese Dios al que, según el segundo de los mismos ’no se puede mencionar en vano‘ (el orden tiene una importancia capital: y éstos son, por algo, el primero y el segundo de esa lista de diez que, escrita en unas tablas -¡qué cutre!- le fué entregada al hombre por la divinidad, allá en lo alto y lo remoto -donde nadie los viera- con categoría de Ley), parece claro, decía, que si a ese primer Mandamiento le aplicáramos un agitprop como es debido, al estilo de lo que Dawkins y Benedetti nos regalan, saldríamos casi todos ganando (menos los que ahora se ponen las botas liderando, de una u otra manera, este negocio infame). Propongo algo de este estilo:

“AMARÁS A LA NATURALEZA Y A TODAS LAS COSAS, POR ENCIMA DE TODOS LOS DIOSES”

¿Qué os parece?

Obstáculos

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Opinión, Poesía, Sociedad | 24 de Mayo, 2008

Trato de salir de aquella sensación que comenté hace hace unas semanas: la de no tener nada que decir.

Mi querida amiga Rosita, la del corrido mejicano, me hace llegar un poema de Neruda, El Pozo, cuyas primeras líneas cito a continuación, por oportunas para lo que después quiero tratar:

A veces te hundes, caes
en tu agujero de silencio,
en tu abismo de cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con jirones
de lo que hallaste
en la profundidad de tu existencia.

De largo, las estaciones equinocciales han sido objeto de diversos mitos, relacionados de una u otra forma con alteraciones en el humor de las personas, en su afectividad. Seguimos enredados en tales mitos (aquellos u otros) y sin elementos de conocimiento que nos permitan explicarnos por qué ésto es así.

Al igual que en el caso de la úlcera de estómago se ha encontrado una teórica causa infecciosa (y han llamado al ‘bishoHelicobacter pylori) para explicar una patología que, clásicamente, se veía empeorar en primavera y en otoño, quizá algún día se diga (e, incluso, se demuestre) que tal o cual virus que se propaga con los pólenes de tal o cual planta, es el responsable de las depresiones, las migrañas, distintas clases de reuma o lo que uno se quiera imaginar.

Pero no todo se explica, se puede explicar así. Una vez conocido H. pylori y elaboradas las herramientas para su diagnóstico, tratamiento y comprobación de la eficacia del mismo (desde el punto de vista infeccioso, microbiológico), se sabe que esta última tiene lugar en un 70-90% de los casos en los que se prescribe una terapéutica correcta (la enorme variabilidad en el porcentaje que cito depende de múltiples factores: cepas de la bacteria, uso previo de antibióticos en cada paciente y en cada comunidad o área geográfica, exactitud y reproducibilidad -esto es fiabilidad, en un lenguaje más coloquial- de los variados sistemas para el diagnóstico y comprobación de la erradicación del germen, interacción del sistema inmune de cada individuo con el invasor…).

Sin embargo, teniendo en cuenta que esta patología representa un amplio porcentaje de entre todas las que producen unos síntomas parecidos y, por tanto, reciben tratamientos sintomáticos (paliativos, aliviadores) similares (en este caso, dirigidos a disminuir la acidez de los jugos gástricos, cuya capacidad erosiva es determinante en la producción de todas estas lesiones: aparte de la úlcera, gastritis, duodenitis, esofagitis), la disminución en el uso de dichos productos farmacéuticos está lejos de disminuir.

Por supuesto, cualquier análisis que implique múltiples variables biológicas es difícil de confeccionar, y, más aún, de poner en práctica, pero se me antoja que, independientemente de que dicho consumo haya podido aumentar en otros ámbitos (el de la protección gastrointestinal en pacientes, sobre todo los de mayor edad, que reciben diferentes tipos de fármacos potencialmente lesivos es, con toda seguridad, el de mayor importancia, dada la casi total generalización de esta práctica), el bichito no lo es todo.

Y, aunque sea sólo desde la pequeña (pero que estimo valiosa) experiencia personal y profesional, pienso que los mismos factores que nos alteran el humor, son los que nos producen un ardor, una diarrea, un infarto o una jaqueca. Son comunes.

No los llamaría desconocidos, por tanto: pero sí inaprensibles para nuestro nivel de tecnificación y conocimiento. Es de prever que todo llegará.

Si la comunicación científica encuentra tal cantidad de dificultades para ser asumida como válida, a pesar de superar una serie cada vez mayor de filtros que tratan de reducir todo tipo de tendenciosidad, ¿qué nos puede pasar en el terreno de la comunicación en pantuflas?

Obstáculo (click para ver en Flickr)

Quizás el principal obstáculo para la comunicación entre las personas sea la propia herramienta que se ha diseñado a tal fin: el lenguaje. Un instrumento que sufre, a lo largo de su larga existencia, una progresiva degradación y es sometido a la influencia de los poderes, sin que ello sea -la mayor parte de las veces- tenido en cuenta por el usuario común del mismo. La combinación de ese lenguaje perverso y las diferentes variantes de cognitive bias da al traste con casi todos los intentos de comunicación en la vida diaria. Curiosamente, parece que no es así y que la comunicación fluye, pero es sólo ruido, una mala interpretación (o falta de la misma) facilitada por el aislamiento personal y el supuesto welfare state en el que se nos dice que vivimos. La ausencia de comunicación se pone de manifiesto, nos golpea en las narices cuando surge un problema y no es posible abordarlo en términos dialécticos.

Volviendo al poema que me sirvió como entradilla, y volviendo a Rosita y a mis amigos, me parece que sólo cabe apelar a la empatía, a la intersubjetividad más benévola y cariñosa para salir de este paso sin resultar destruído. Nada fácil: es una de las piezas clave de la inteligencia emocional, uno de los proyectos más ambiciosos aplicados a la disección de la mente humana.

Ámame tú, sonríeme,
ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
no me hieras a mí porque te hieres.

También, con ésto, trato de agradecer y responder a las palabras de Laura en el post previo de El Pecador: no sé qué sentido tienen las cosas, pero sí procuro darles uno, y me reconforta saber o, al menos, pensar, que hay algunos otros que están en esa onda, y que los tengo próximos. Me adhiero al slogan de las 7S de la persona competitiva y feliz (parece una herejía hablar de competitividad sin que, inmediatamente, se te cuelgue la etiqueta de caimán o tiburón, dicho sea con perdón de estos dos no excesivamente simpáticos animales), al que quizá añadiría, si me fijo en Oriente, una octava ‘S’: Silencioso.

Para terminar, he de reclamar la duda como método de trabajo y avance, en oposición a la certeza inmovilista y reaccionaria. Y, para aflojar un poco, la reclamo con un guiño musical de título concordante. El autor, un virtuoso del ney, ha sido traído a mis oídos por El Centinela de este patio, y tocará en Gijón en unos días. Y lo iremos a ver. Y, después, cenaremos al estilo dominical, intersubjetivamente… o eso espero.

by huesu™

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 11 de Abril, 2008

Te conocimos así en este patio, del que eres una de las más prolíficas comentaristas.

Luego me contaste que ése era el apodo cariñoso con el que te llamaba tu padre, aunque nunca supe por qué.

Ahora hacía unos meses que no intervenías: precisamente desde aquel post de With A Little Help From My Friends. En él yo os contaba -te contaba- que, a pesar de estar solo, me sentía, más que nunca, acompañado por vosotros, mis amigos -por tí.

Siento, para mi desgracia, que no he sabido acompañarte. Que mi compañía fué inútil para arrancarte de la desolación, de la decepción. Y me duele como pocas cosas me han dolido en toda mi vida, porque yo sabía que la tuya estaba en la encrucijada.

La Encrucijada (click para ver en flickr)

Pero aún en estos momentos tan tristes, no puedo evitar verte reir, socarrona, inteligente. Entornar tus preciosos ojos con estilo, elegante, desenvuelta. Caminar con la frente bien alta, orgullosa y desafiante. Desparramar tu ironía y saberte diferente. Sobrevolar. Estar pendiente de todo y de todos, generosa como nadie.

Y tierna. Esa ternura de quien conoce el amor pero le falta. Siempre serás tan dulce y tan picante. Siempre serás.

Mientras escribo ésto, se me caen las lágrimas y sonrío. Lloro porque no podré volver a verte, a hablar contigo, a aprender tanto de música y de cine, a soñar con tus viajes fabulosos y bucear entre peces de colores. Pero sonrío pensando que nunca te olvidaré, porque así eres: inolvidable.

Gloria a tí, huesu. Te lo canta uno de los tuyos: John Cale.

1964 – Jorge Luis Borges

Liki Fumei | Fotos, Nuestra Gente, Poesía, Viajes | 19 de Enero, 2008

No me he olvidado de traer poesía, no. Pero el fin del año pasado y el comienzo de éste han sido tiempos ajetreados, sin apenas hueco para la lectura. Pido disculpas por ello a quienes comparten conmigo el gusto por ella (la poesía, la lectura, tanto da…), esperando vivamente que las próximas entregas no defrauden sus expectativas.

Para reanudar la andadura poética, no puedo menos que aprovechar un regalito que, gentilmente, mis queridos PepixLagavulin me han traído de su viaje sudamericano. No siendo ellos, precisamente, unos grandes devotos de la lírica, tiene doble valor que se hayan acordado de mí en estos términos. Además, el libro (Borges de Buenos Aires, Ed. Emecé) es una joya desde el punto de vista de la ilustración fotográfica, a cargo de José Luis Di Zeo y Carlos Greco.

También es una joya el reportaje del periplo por Argentina, Chile y Bolivia que han hecho tanto ella como él. Mucha envidia de acompañarles por tan magníficos parajes y, según cuentan, en tan buena compañía.

Para mí Borges es, sobre todo, tristeza. Incluso melancolía. A veces, quizás, con unas gotas de amargura. El poema de hoy va en la línea, y en dos tramos. Entre ambos, permitid que ponga un poco de hielo patagónico que me traje, hace años, de allá con Luisito. Para ambientar, nomás.

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

Patagonia (click para ver en Flickr)

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Antológico, Borges, ¿no os parece? Pues muchas gracias a ArtuPepix por el delicioso presente, que será también futuro.

Quiero, antes de despedime por hoy, dedicar unas líneas a contestar a los que en posts pasados habés tenido la amabilidad de participar. Sabéis que acostumbro a responder más o menos pronto, pero el antes citado ajetreo me ha tenido un poco apartado de la edición, que no de la atenta observación de lo que por aquí se cocía. Así que:

Raitana Mora: me encantó el poema que nos regalaste para el año nuevo. Una maravilla. Esperemos, eso sí, que no encontremos demasiada (¿cuánta es?) niebla en el camino. A tí te toca lo que te toca, claro: pero tú ya lo sabes. Gracias por esa confianza, epicúrea.

Manolito: que célebre (de celebrar) verte por acá. Eres muy bienvenido, y comparto tu deseo de que no nos falte la salud. También espero que el cafelito donostiarra no se nos antoje tan difícil en venideras…

huesu, mi querida recensora fílmica: has planteado una serie de preguntas sobre condición humana caníbal que se me hace cuesta arriba responder aquí… Pero podemos hablar sobre ello mientras tomamos café o cenamos, y que se apunte al debate el que quiera de este patio, ¿te parece? Seguro que sería muy interesante y animado.

contravoz: a las cinco no pasó nada. Ya había pasado todo. Una copa de vino, otra vacía, y un tenedor. Así es: ni más, ni menos.

Tequila y Sal: yo entresacaría, como tú has hecho, ESOS versos del poema de Corredor-Matheos que nos brindó la Raitana. Y, también, hago hincapié en seguir pasándolo bien juntos, en compaltil, que dirían en Cuba. Querida hermanita.

Vitae Summa Brevis – Ernest Dowson

Liki Fumei | Fotos, Música, Nuestra Gente, Poesía | 1 de Diciembre, 2007

Llueve. Hace frío. Es natural, faltan tres semanas para que comience -cronológicamente- el invierno.  Aunque hay quien dice que dejará de ser así. Para volver a ser natural. Otra naturaleza. Lo canta Bob Dylan así de bien:



El caso es que quería poner algo aquí hoy, y nada de lo que se me ocurría me gustaba. Me puse a ver algunas fotos que ruedan por mis discos duros y me encontré con ésta:

Catadores

La subí a flickr y busqué una musiquita que la acompañase. Y así es como me acordé de Days of Wine and Roses. Conocía la película, la música de Henry Mancini, y esta preciosa versión de Jack Jones:

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Pero desconocía el origen de todo. Y éste, es nuestro poema de hoy:

They are not long, the weeping and the laughter
Love, desire and hate:
I think they have no portion in us after
We pass the gate.

They are not long, the days of wine and roses:
Out of a misty dream
Our path emerges for a while, then closes
Within a dream.

Y me dije: ¿por qué no le añado unas roses, y lo comparto todo con mi querido patio?

Rosas Irlandesas

Estaremos de acuerdo, seguro, en lo de que vitae summa brevis, ¿no? Pues a seguir disfrutando, que ésto se pasa volando.

Más información sobre Ernest Dowson y el movimiento decadente.

Asímismo, sobre las Odas de Horacio, de las que tomó prestado el título nuestro poeta.

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