Gürtel

Liki Fumei | Fotos, Nuestra Gente, Opinión, Sociedad, Viajes | 10 de Agosto, 2009

Viajé a Valencia por vez primera, y me llevaron a ver un mercado circular en situación precaria, apuntalado y rodeado de andamios en el centro del castizo barrio del Carmen: un lugar lleno de historia y encanto, de sabor y belleza destilados.

 Mi amigo Fernando me explicó su abandono, me mostró su ajada estructura, me contó la progresiva pérdida de vida ciudadana y comercial (del pequeño comercio de siempre) que ello tiene como consecuencia.

 No soy arquitecto ni ingeniero, pero, dadas las dimensiones de aquella joyita, la conveniente y esmerada reparación de su conjunto no podría suponer una quiebra presupuestaria, y, probablemente, requeriría la participación multidisciplinar de diversos profesionales –muchos de ellos jóvenes y emprendedores- que han empleado sus años de formación en elaborar proyectos y estrategias para hacer frente al abandono patrimonial tan al uso.


 Al tiempo que se deja morir dicho acervo, se fomenta la uniformización (calatravesca) de la ciudad con obras de presupuesto astronómico y funcionalidad más que discutible, pero con una rentabilidad (económica) palpable: el metro cúbico de hormigón es lo que tiene. Son grandes empresas, en grandes despachos in & out La Administración, y grandes volúmenes de dinero, cuya contabilidad se antoja difícil de precisar. ¡Hay tantos loros que aman ese chocolate! No digamos si éste, en lugar de por onzas, viene servido en palés… o contenedores.

Lo que ha capitalizado la atención mediático-política de esa ciudad a lo largo del año 2009 es lo que se ha dado en llamar el caso Gürtel (que en alemán quiere decir ‘correa’, y, en clave, para los investigadores, Correa). Con toda la sorpresa para sí mismo, este hombre se ve en la cárcel y se pregunta: ¿por qué yo? No es pregunta baladí.

Desde entonces, el hedor se va trasladando hacia zonas más altas, pero se sabe que existen potentes ventiladores que disimulan (e incluso hacen desaparecer) la podredumbre. No obstante, se llega a pronunciar un nombre de relevancia media dentro de lo que significa la estructura piramidal, tanto de partido como de gobierno: Camps.

La persona en cuestión no tiene nada de particular, es decir, es un político triunfador corriente: tiene una gran ambición por escalar hacia la cúspide, y se va viendo desde su militancia de base y su cargo de concejal cómo van quedando los cadáveres que le rivalizan en la cuneta; desde luego, el más distinguido (e inesperado), Zaplana: un peso pesado al que derrota sin prácticamente levantar la voz, apelando a un nacionalismo suave y a otros hilos de similar perfil. Sabe jugar. Pero nada en él me llama la atención como para ser comentado: ni siquiera tras leerme de pé a pá la sentencia (que mi amigo Fernando tuvo la amabilidad de hacerme llegar al día siguiente del fallo judicial, bajo el título de ‘Papel Higiénico’) que le exime de las acusaciones por soborno, encuentro nada relativo a él que destaque y merezca un comentario.

Sin embargo, sí que hemos de agradecerle que nos haya puesto en la pista de algunos lugares de delectación a los que el ciudadano (llamado, por él, por Ellos) medio no suele tener acceso, tales como los zapatos de piel de anca de potro de Crockett & Jones, las rebajas de Milano (y las exquisitas exigencias al respecto del largo de las mangas de los trajes que allí encargaba por o sin mediación del sastre más famoso de la tauromacofilia -perdóneseme el palabro; no era admisible un décalage de un milímetro arriba o abajo: precisión cartesiana), los cocktails y comidas en el Ritz de Madrid (cubiertos de 200 o 300 €, a veces hasta para 800 comensales), etc.

Eso sí, a él no le gusta pagarlo (de hecho, ni siquiera pide presupuestos para estas actividades): prefiere que lo haga El Erario Público, un ente gnoseológico que -según parece- se encarga de éstos y otros flecos. Pero no es sólo a él, a quien no gusta: se trata de algo general en esta casta. Cualquier político prefiere viajar en Audi A8 o VW Phaeton (blindado mejor: total, son unas perrillas que no van a ninguna parte) que en modelos utilitarios; si utiliza transporte público (bueno, también público, pero compartido con el vulgo), prefiere la clase Club o Business y los espacios VIP que los de cola junto a los retretes; si va a un espectáculo (ya en sí exclusivo) prefiere ocupar los asientos mejor situados a pelearse por una entrada de gallinero durante unas horas; incluso si desea celebrar una comida o cena de trabajo con sus iguales o gentes de otras Esferas Altas para tratar –por supuesto- asuntos de crucial importancia para el Bien Común o el Interés General, le resulta más agradable hacerlo en comedores privados de restaurantes de renombre, antes que compartir un menú del día en un bar correcto pero del montón; todo un largo etcétera que a cualquiera se le puede ocurrir, va con cargo al citado Ente.

Después, cada domingo, asistirá a la misa dominical del culto predominante, bien arropadito: es un hombre ejemplar. Un par de semanas antes de conocerse la sentencia, pronosticaba confiado en los medios: ‘tendré mayoría absoluta en 2011’. Lo sabe todo: sabe que la justicia no existe, que se compra y se vende, que se pacta (no hay más que ver las maniobras que preceden a la constitución de los más altos tribunales del país), que él tiene a sus amigos ahí dentro, como en tantos otros sitios clave (probablemente, ninguno tan clave como la judicatura, claro está: por éso tiene delito que se hable de Estado de Derecho, y de las leyes que entre todos hemos decidido, y lindezas del mismo porte, taladrando constantemente la subliminalidad del personal); y también sabe, cuando arrogante vaticina su futuro triunfo, que no se trata de otra cosa que de hooligans cuando se piensa en electores, simplemente a éso se limita el juego democrático: fanáticos de este o aquel partido o teórica ideología, sin capacidad de análisis ni de crítica, que bastante tienen con llegar a fín de mes (y, muchas veces, a fin de día) con algo en la cabeza que no sea fútbol o este Otro Fútbol. Si, a veces, le entra alguna duda o su convicción flaquea, sólo tiene que mirar al Este, evocar la figura de Berlusconi al otro lado del Mediterráneo, y exclamar: ¡no somos nadie!

No: Camps no tiene nada de particular. Moratinos visita Guinea Ecuatorial en épocas de crisis (de nuestra crisis: allí no tendría sentido hablar de ello -es más, sería un sarcasmo; y no voy a repetir de nuevo las condiciones en las que viaja dicho séquito: pura austeridad, imagínense ustedes, tal y como está la economía), nada menos que para rendirle homenaje a Fraga Iribarne ante el sátrapa-dictador actual, sobrino y heredero (por la nada discutible vía del golpe de estado intrafamiliar) del sátrapa-dictador anterior, celebrando 40 años de la independencia de la ex-colonia, la cual -según se quiere hacer constar- fue facilitada por el entonces ministro franquista y ahora malhumorado gagá. Va a obtener algún trato de favor, es obvio, a costa de una población que no percibe nada, ni en dinero ni en especies, de ser la tercera nación productora de petróleo del África subsahariana (lo cual es mucho decir, por detrás sólo de Nigeria y Angola). Ni que decir tiene que cuando nos desprendimos de Guinea (¿es -quizás- preferible decir ‘se les otorgó la independencia’?) no se sabía que había petróleo en aquel golfo: lo que sí que se supo después, y se continuó sabiendo durante los 40 años que llegan hasta la actualidad, fué el estado de tiranía bajo el que quedó aquel pueblo, depauperado hasta extremos difíciles de imaginar (el que tenga las vísceras bien resistentes, que no pierda la ocasión de leer el libro ‘Guinea’, de Fernando Gamboa). Pero resulta que hoy día no sólo hay petróleo, sino que se ha convertido en un auténtico hub energético, con una pujante producción de gas sobre la que planean diversas empresas europeas de nombres muy familiares para todos: ésto tiene mucho interés, dados los tiempos que corren y las progresivamente difíciles relaciones del mundo occidental con los países de la OPEP. Allá vamos: a la carrera.

 Nada de particular: al otro lado del Atlántico, en un país inmenso con deficiencias infraestructurales tremendas y un nivel de pobreza que alcanza al 35% de la población, la familia Kirschner aumenta su patrimonio (perdón –qué risa: el patrimonio que declara) un 150% en el último año (más de 5 millones de euros, al cambio; en una perspectiva algo más prolongada, un 575% en los últimos 6 años). No está nada mal, para unos justicialistas (defensa de los trabajadores, tararí-tarará…), como se gustan llamar.

Termino preguntándome si nadie va a denunciar de una forma consistente que las ruedas de prensa de cualesquiera que sean los representantes institucionales y el nivel jerárquico que ocupen, hayan pasado a ser meros actos de proclamación. Son sangrantes el silencio y la connivencia del llamado 4º poder a este respecto: si bien se entiende como concepto (son parte del poder) y como colectivo (sujetos a la disciplina de los monopolios), no así como individualidades, que podrían manifestar su disidencia, en muchos casos con un peso específico muy elevado.

Para qué seguir: en Valencia lo pasé muy bien, la verdad. Muy rica, la orxata… ¡y los fartons!

 

Thick as a Brick

Liki Fumei | Hedonismo, Música, Varietés, Viajes | 27 de Noviembre, 2008

Dejad, por favor, que suene ésto y nos acompañe.



Así, con Jethro Tull de fondo -un exponente del progressive rock de mi adolescencia- quizá sea más leve: parece que la espesura de su ladrillo puede disimular algo la mía.

Estuve ayer en Madrid intentando aprender algo para intentar disminuir las agresiones a las que se ven sometidas las personas que, con enfermedades muy graves, precisan, como diría mi amigo CB -también conocido como el que susurraba a los chotacabras-, que en un momento crítico la mano del hombre blanco revuelva sus entresijos con suerte diversa.

Lentos, muy lentos, pero en medio de la vorágine, como nuestra tortuga turca en la autopista, vamos aprendiendo a hacer mejor las cosas de la ciencia. Nuestro modelo en este ámbito ha sido, es y seguirá siendo durante un tiempo que no sé predecir, pero se me antoja amplio, el estadounidense. Y, sin embargo, ante la mínima pulsación surge, de forma casi unánime, el odio a ese país, sea cual sea la cuestión a debate: ser progre es ser antiamericano, sin más.

Una lamentable rutina de pensamiento.

1964 – Jorge Luis Borges

Liki Fumei | Fotos, Nuestra Gente, Poesía, Viajes | 19 de Enero, 2008

No me he olvidado de traer poesía, no. Pero el fin del año pasado y el comienzo de éste han sido tiempos ajetreados, sin apenas hueco para la lectura. Pido disculpas por ello a quienes comparten conmigo el gusto por ella (la poesía, la lectura, tanto da…), esperando vivamente que las próximas entregas no defrauden sus expectativas.

Para reanudar la andadura poética, no puedo menos que aprovechar un regalito que, gentilmente, mis queridos PepixLagavulin me han traído de su viaje sudamericano. No siendo ellos, precisamente, unos grandes devotos de la lírica, tiene doble valor que se hayan acordado de mí en estos términos. Además, el libro (Borges de Buenos Aires, Ed. Emecé) es una joya desde el punto de vista de la ilustración fotográfica, a cargo de José Luis Di Zeo y Carlos Greco.

También es una joya el reportaje del periplo por Argentina, Chile y Bolivia que han hecho tanto ella como él. Mucha envidia de acompañarles por tan magníficos parajes y, según cuentan, en tan buena compañía.

Para mí Borges es, sobre todo, tristeza. Incluso melancolía. A veces, quizás, con unas gotas de amargura. El poema de hoy va en la línea, y en dos tramos. Entre ambos, permitid que ponga un poco de hielo patagónico que me traje, hace años, de allá con Luisito. Para ambientar, nomás.

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

Patagonia (click para ver en Flickr)

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Antológico, Borges, ¿no os parece? Pues muchas gracias a ArtuPepix por el delicioso presente, que será también futuro.

Quiero, antes de despedime por hoy, dedicar unas líneas a contestar a los que en posts pasados habés tenido la amabilidad de participar. Sabéis que acostumbro a responder más o menos pronto, pero el antes citado ajetreo me ha tenido un poco apartado de la edición, que no de la atenta observación de lo que por aquí se cocía. Así que:

Raitana Mora: me encantó el poema que nos regalaste para el año nuevo. Una maravilla. Esperemos, eso sí, que no encontremos demasiada (¿cuánta es?) niebla en el camino. A tí te toca lo que te toca, claro: pero tú ya lo sabes. Gracias por esa confianza, epicúrea.

Manolito: que célebre (de celebrar) verte por acá. Eres muy bienvenido, y comparto tu deseo de que no nos falte la salud. También espero que el cafelito donostiarra no se nos antoje tan difícil en venideras…

huesu, mi querida recensora fílmica: has planteado una serie de preguntas sobre condición humana caníbal que se me hace cuesta arriba responder aquí… Pero podemos hablar sobre ello mientras tomamos café o cenamos, y que se apunte al debate el que quiera de este patio, ¿te parece? Seguro que sería muy interesante y animado.

contravoz: a las cinco no pasó nada. Ya había pasado todo. Una copa de vino, otra vacía, y un tenedor. Así es: ni más, ni menos.

Tequila y Sal: yo entresacaría, como tú has hecho, ESOS versos del poema de Corredor-Matheos que nos brindó la Raitana. Y, también, hago hincapié en seguir pasándolo bien juntos, en compaltil, que dirían en Cuba. Querida hermanita.

Amarre y Extremos – Zoe Valdés

Liki Fumei | Poesía, Sociedad, Varietés, Viajes | 21 de Noviembre, 2007

Busca que te buscarás entre la poesía cubana, me encontré con una corriente muy dulzona, de antaño, pre-’59, y otra muy monótona de hogaño. Excepciones hay, algunas en tono reivindicativo, que no me iban, y otras, como ésta, más castizas.

El sincretismo está muy presente allá: se percibe lo yoruba. Tuvimos la ocasión de departir largo y tendido con Estrella, una babalawo cuyo orisha devocional era Yemayá (como Rocío Jurado, miren ustedes por dónde: lo racial, lo castizo, acaba saliendo a flote…), y daba la impresión de estar en conexión cósmica (fibra óptica, nada de ADSL, cable o paparruchas similares).

Escribí en papel de cartucho tu nombre y tus apellidos
lo enrollé y lo amarré con pelos de mi pubis
luego lo molí y lo mezclé con mieles y sudores
no olvidé el buche de café que dejaste en la taza
debí haber agregado un poco de tu semen
de esas gotas que aparecen al otro día
en mis nalgas o en mis encías.
Unté de toda esa crema a mis pezones y a mi clítoris
hice un pase de magia y recé toda la vida.
Pero tú no has vuelto
y menos
tú en mí no te has derramado.

Silueta de Ana maría 

Es de interés. Imagino a Ana María oficiando este tinglado. Perciban ustedes su silueta al sol poniente del atardecer cienfueguino. ¿Sienten las vibraciones? Cuidado, puede tratarse del clítoris: hay personas que dicen haber tocado alguno. ¿Sudores? El preparado contenía capsaicina, la ví moler ajíes con el resto del mejunje. Después de romper a sudar, no hay nada que hacer. Estás en sus manos. Al menos por esa noche. Y el sol ya se ponía…

Puesta de Sol en Cienfuegos

Al final, la autora se queja de la ineficacia del embrujo a más largo plazo. Ni por esas parece lograrse el amarre.

Del poemario Cuerdas para el Lince, Ed. Lumen (1999).

La Máquina de Follar (reloaded in Cuba, 2007)

Liki Fumei | Hedonismo, Nuestra Gente, Opinión, Sociedad, Varietés, Viajes | 1 de Noviembre, 2007

No. No estamos en el San Francisco posthippie. Ni siquiera en Los Angeles. Y yo no soy el borracho ocurrente de manos finas y blancas que era Hank.

Sin embargo, un halo de sordidez une aquel tiempo con éste. O, mejor, aquel espacio con éste. La vida, tan cambiante, siempre tan repetitiva.

Es casi mediodía y sigo en la cama. Mi cabeza da vueltas alrededor de la náusea y una especie de huracán que suena ahí fuera no ayuda mucho a que mejore. Tampoco el olor a humores rancios que atraviesa una especie (¿otra especie?) de hule que me separa del baqueteado colchón en el que me hundo.

Además, ¿adónde coño iba a ir, lloviendo a mares, con las calles llenas de charcos, en una ciudad tan destrozada como si hubiera terminado ayer una guerra y la maqueta se pudiera visitar? Sólo el bullicio de la gente le quita esa impresión a las calles de las ciudades de este país. Pero con esta mierda de tiempo, ni gente hay.

Se suele decir que “se bebe para olvidar”. Es curioso, porque aquí parece que sucede algo distinto. Cuando hablas con ellos, aún “serenos” (ha de ser temprano), parecen estar hasta los mismísimos de esta vida, de este régimen, de la jodida Revolución, del “barbas” (como se refieren aquí a Fidel, haciendo un gesto de mesarse el mentón al tiempo que se golpean con dos dedos de la otra mano los “galones” en el hombro) y de toda la cochina realidad en la que no les queda más remedio que estar inmersos. Pero, si se toman unos tragos contigo y se trata de largar sobre el rollo político, surge de sus profundidades una defensa aguerrida de todo “lo propio”. Y, entonces, “la igualdad social es un triunfo de incomparable trascendencia, estamos en el centro de la política internacional gracias a la inteligencia de éste y a los cojones que le echa el hermano, somos autosuficientes a pesar del bloqueo yanqui, nuestros sistemas de seguridad mantienen la paz en el mundo…”

Y, claro, seguís tomando: tú y ellos, ellos y tú. Bebiendo para recordar. Y las botellas de ron parecen más pequeñas que en tu país. Pero no. Son iguales. O más grandes (la de ayer era de un litro), sólo que se acaban antes. Y luego te empiezas a marear y te dan arcadas y vomitas y te duele la cabeza y no te levantas hasta la tarde.

Si yo estoy así, me pregunto cómo estará Junieska. Creo que se escribe así: debe venir de algo ruso, pasado por el tamiz caribeño… pero cuando le iba a pedir que me escribiera sus señas ya estaba demasiado borracha. Y como no le gustaba hablar de política (los jóvenes posrevolucionarios es lo que tienen: son unos descreídos, es su rebeldía), me sugirió que fuéramos a chingar (aquí le dicen así a follar, la mayor parte de las veces) a mi casa. Traté de explicarle lo de la canción de Krahe, pero ni caso: en ésto sí que son bukowskianos. Al final, le acabé diciendo lo mismo que la noche anterior a Rachel: “mira, te vas a reir, pero es que no me toca follar hasta Enero, y todavía estamos en Octubre”. La verdad es que se rió bastante, sí: una sonrisa blanca y preciosa, abierta y franca, enmarcada por el raso negro y turgente de su piel; y, por encima de dos pómulos salientes como nalgas de bebé, a través de otras dos blancuras, esta vez no tan abiertas, sino profundas, las más de las veces con un halo triste, sumiso, vergonzoso (penoso, dicen acá), me miraba interrogándome. Es lo que tienen estas muchachitas de veinte años.

Tienen éso, y un difícil equilibrio entre la sobriedad alegre y la borrachera. Y también la tripa tan llena de arroz y frijoles que, cuando empiezan a vomitar no hay quien las pare: cuando había salido de aquella boca tan preciosa el contenido equivalente a una olla mediana, pensé que era el momento de meterla en el coche y acercarla hasta su casa. Pero a la segunda curva -o al tercer bache, que, benévolamente, llaman hueco, tanto da- que nos encontramos, otra considerable cantidad de legumbres se esparció por los asientos a modo de spray aromatizado al ron.

Casi cuarenta años para verme acompañando a esta pobre infeliz de veintidós a su casa a las tantas de la mañana y presenciar la incendiaria soflama que una bella señora, de silueta alta y delgada sólo visible en la negrísima noche del reparto de Cabacú por la túnica o camisón blanco que llevaba puesto, les impartió a sus amigas Doralis y Marlex: “¡ni para la PINGA se acerquen más a mi hija!, ¿lo oyeron?, ¡ni para la pinga vuelvan por acá!”.

Quizá nos hubieran venido bastante mejor unos cuantos pingazos a ella y a mí, que la charla y el puto ron añejo. La verdad. Pero es que estas condiciones, tan aparentemente sexuales, este clima erótico que se dice respirar, actúan sobre mí por otros cauces cuyo resultado es similar al que supongo que debe tener una sobredosis de bromuro. ¡Que horror! No todo va a ser follar, me lo tengo dicho cienes y cienes de veces, pero ésto ya parece una especie de maldición: ¡si aquí se dirigen aviones de todas partes del mundo para dar candela!, como suelen decir constantemente…

Hablando de sobredosis, tengo una teoría. Al igual que Obélix se cayó de pequeño en la marmita en la que Panorámix preparaba la poción mágica, lo cual le confirió una fuerza extraordinaria durante el resto de su vida, aquí parece que el personal también se haya caído en una marmita de pequeño, pero, en este caso, de Valium. O quizás es que el Caribe es una suerte de gigantesca marmita de ron caliente, en la que se cuecen los países antillanos a fuego lento (sólo empiezo a conocer éste: de los demás sé referencias, pero no muy discordantes).

El viento y la lluvia siguen golpeando las tablillas de la contraventana. El viento y la lluvia tienen nombre: TT Noel. Una suave tormenta tropical que no llegará a ser ciclón, según se cree. Estamos a final de temporada y suceden imprevistos, sin embargo.

Después de haber recorrido la isla de lado a lado, con menor inquietud para seguir visitando nuevos sitios que hace más de dos semanas, hoy sería un día perfecto para estar en esta habitación y dejar que Noel se vaya calmando, en compañía de la dichosa botella de ron (menos de un cuarto, que va bajando poco a poco y quitándome la resaca, o tal vez sea el Enantyum lo que lo logre, o ambos), de este paquete de Vegas Robaina (joder, hasta he vuelto a fumar: me da vergüenza escribirlo, pero que rico está este tabaco negro sin filtro) y de una hermosa jovencita acostada a mi lado. Ya me empiezan a dar sudores.

Pero no puede ser. Me da sincera envidia quien puede disfrutar de los placeres de la piel y los sentidos más carnales, manteniendo la mente en ese plano, sin dejar que se vaya a otros que puedan interferir -obviamente, de forma negativa- en el festín.

Por mucho que reviso mi “zurrón ideológico”, no sé a qué achacar esta estrechez. La cosa se podría (se puede) ver de una forma más simple: este es un país sin el aplastante peso de las religiones monoteístas sobre la sexualidad (para una vez que hay algo así, otra lacra de igual o peor calado se instala en las conciencias: ¿es que lo necesitamos?), en el que ésta se vive como disfrute desde temprana edad, la mujer parece relativamente libre para ejercerla a su antojo (quién sabe lo que me encontraría, si tuviera oportunidad de conocer esta sociedad a fondo), y toma una actitud activa, y no SÓLO se acerca a tí porque eres un yuma (extranjero con dinero) y una fuente de divisas (en el mejor de los casos, un medio para abandonar el país). También entra dentro de lo razonable que le gustes, que te vea tan exótico como tú la ves a ella, que tenga ganas de salirse de su tediosa (cuando no directamente horrible) vida cotidiana con alguien a quien ella elige…

He conocido a jineteras (se llama jinetero a todo aquél que trapichea con algo, aunque se conozca la expresión habitualmente referida a las mujeres y el sexo de pago) pero también, y en mayor número, a chicas con sus profesiones o trabajos: peluqueras, contables, informáticas, profesoras de marxismo, estudiantes de 9º grado en nocturno, camareras, profesoras de baile tradicional y salsa, enfermeras (¡enfermeras!), médicos, profesoras de canto (aquí hay muchas profesoras, como se puede ver…), biólogas, dependientas, en fin, una variada representación. Todas entre 17 y 28 años (las mayores de 30 parecen estar en otra dimensión, y no en la de “salir solas a divertirse”, llamémoslo así).

Con ellas he estado tomando café, copas, almorzando, he ido a la playa, de excursión, a su casa, he conocido a sus padres, bailado (¡bailado!), paseado y, sobre todo, charlado.

Y, lo que sobresale de todas esas horas compartidas con ellas, es una gran ingenuidad e ignorancia. O al revés. A los 18 y a los 25. Con hijos y sin ellos. Profesionales de carrera o trabajadoras manuales. Comparten esos rasgos que les dan una especie de candidez de la que sientes, inexorablemente, que te estás aprovechando. Y, a lo sumo, ellas pueden sacar de tí un puñado de dólares, contantes o en especie, historias “del otro lado” con las que seguir alimentando su imaginación, una esperanza de huida. Es simplemente desolador.

Y sus culos meneándose, noche tras noche, en la Casa de la Trova. Sus caderas cimbreándose al son de Compay y otros ritmos. En ese momento, el momento del baile, parece como si encontraran el antídoto contra el Valium. Contra todo.

La Máquina de Follar

Una auténtica máquina de follar. Pero out of order.

¡Ah! Si no estoy de vuelta para San Willibrordo, preguntad en el consulado…